¡Venezuela nunca debe olvidar!


Déjense de falsos romanticismos: ¡en Venezuela NO cabemos todos! ¿Cómo usted mete en la misma lata a una madre a cuyo hijo se lo llevaron preso por votar por Edmundo o por meterse en las guarimbas, para ponerla al lado del Tarek pintarrajeado que decía ser fiscal general de la república? ¿Gente decente, trabajadores, personas normales, mezcladas con aquellos enfermos de la patria que les gustaba mandar a grabar a los infelices que el régimen torturaba?
Porque allá, en Venezuela, claro que pasó algo; ¡pasaron muchas cosas en casi treinta años de mantener alquilado al país a los peores y más inmundos rufianes y regímenes del planeta!
Así como en la Alemania de a partir mayo de 1945 la orden de los Aliados consistió en “desnazificar” a ese país, a la Venezuela de de después de la «salida como sea» de aquellas plagas habrá que desinfectarla de todo ese embuste lleno de robos, asesinatos y forajidos que resultó ser la revolución del siglo XXI.
Es que por donde tú metas la cabeza en Venezuela, “aquello” que aquellos le dejaron al país no sirve; en el mejor de los casos, está muy echado a perder. ¡Contaminaron todo, destruyeron todo!
Las instituciones, los poderes públicos, las empresas tanto privadas como públicas, las universidades, las academias, los partidos políticos, los liceos, los centros hospitalarios; todo, todo por donde pasó a la sombra del chavismo, de «Narcolás» o de las bandas de hampones de la oposición tarifada, todo quedó impregnado de un feísimo olor a porquería que habrá que limpiar con lejía, y de la buena.
Venezuela va para sus últimos cien años como republica repitiendo el mismo feo numerito.
Y ahora, luego de casi 100 años después, ¿nos pensamos dar por satisfechos como pueblo con la simple destrucción de los símbolos, de los emblemas que retrataron a las dictaduras, como hicimos en cada uno de aquellos momentos? ¡Es que hasta la bruja de la Delcy le prohibió al país salir a celebrar la captura de «Narcolás»!
Por eso, qué nos queda: ¿Demoler La Rotunda, la infame cárcel de Gómez y convertirla en un parque al cual llamearemos nuevamente “La Concordia”? ¿O asaltar la sede de la Seguridad Nacional para rescatar a los últimos presos políticos que estaba torturando la gente de Pérez Jiménez encaramados sobre un rin?
Y ahora qué: ¿Meterle dinamita al Helicoide, donde tantos venezolanos han sido vejados, torturados o asesinados por aquellos degenerados que mantenían bajo secuestro a nuestro país?
No es suficiente, es más, ni tan siquiera en bastante.
El mejor homenaje que el pueblo venezolano le puede hacer al pueblo venezolano consiste es perseguir a los responsables de tanto dolor, de tanta robadera, de tanta producción de miseria colectiva y hacer justicia con ellos.
Y, de una vez por todas, “meterles las manos en sus bolsillos” a los tantísimos enchufados y amiguitos que se robaron a Venezuela, para sacarles lo que se cogieron.
Sacarles la plata, los dólares, las criptomonedas, los aviones, los condominios y los barcos para que sean reintegrados al país. ¡Lo demás es creer en cuentos de camino!
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