CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

A Dios rogando y con el mazo dando

La narrativa del régimen de Miraflores continúa íntimamente enganchada con los destructores y marines norteamericanos que andan dando vueltas por el mar Caribe. Maduro, bajo libreto de La Habana, ahora dice estar a la espera de una invasión armada que lo saque a él y a todos los rufianes del siglo XXI de la jugada política de Venezuela.

¡Ojalá! ¡Qué así sea! El asunto es que, las actuaciones del gobierno de Donald Trump no dan para aventuras de intervención. Para golpes certeros y bien dirigidos, sí.

Acabamos de ser testigos de una incursión quirúrgica, impecable y sin falla alguna, de las fuerzas aéreas norteamericanas sobre las instalaciones de enriquecimiento de uranio con fines bélicos en Irán, que puso fin a la Guerra de los 12 días entre ese país e Israel.

Es que el presidente Donald Trump pareciera estar en “una” del Premio Nobel de la Paz. Y si logra ponerle fin a la guerra ruso-ucraniana, ya tiene abonado buena parte del boleto de ida para Estocolmo. Pero…¡Cuidado, mucho cuidado, Venezuela!

En estos días hasta reapareció Gerardo Blyde, hablando maravillas de sí mismo. Están más hablachentos que nunca los alacranes, los jefes de los partidos franquiciados por el régimen y un bojote de personajes de la picaresca política venezolana. Todos, aparecidos de la nada, igualitos que fantasmas arrastrando la misma canción de siempre.

Ya saben, aquella de que Venezuela tiene que arreglar sus problemas solo entre venezolanos y un camión de embustes más que tratan de invisibilizar a quienes realmente tienen invadido al país.

Cubanos, iraníes, rusos, guerrilla colombiana, carteles mexicanos y a los chinos. Pero como dice Maduro: todas esas alimañas no son intervención extranjera, son invitados por el régimen para “mejorar” los logros de la revolución bolivariana. ¡Por favor! Entre tanto los otros, los demás, esos sí que son la “planta insolente del extranjero”. ¡Mosca, Venezuela!

Por décadas hemos hipotecado los verdaderos planes de salida de aquellos malandros, creyendo en distractores que han demostrado ser cortinas de humo. Elecciones a patadas, con la muy democrática tecnología Indra-Smarmatic. Mesas de diálogos puestas hasta en el fin del mundo.

Países y supuestamente gobiernos garantes de cualquier acuerdo entre la nación y aquellos diablos. Se ha hecho de todo!

Ahora son los yanquis. Igualito que en Cuba. Con ellos, nuevamente, el régimen trata de poner en “alerta máxima” a los cuatro mequetrefes que tiene como milicianos esperando, frente al Malecón de La Habana, que lo vuelvan a intentar. De esa forma, otra vez, los tremendos problemas de fondo que están matando de hambre a los venezolanos siguen sin ser atendidos.

Yo pienso que toca, a la Venezuela que de verdad aspira a un cambio de “verdad”, ponerle más esfuerzo que nunca a la organización popular. Esa es la única vía para salir de esos malandros, confiando además en el “empujoncito” con el cual todos estamos en cadena de oración.

Una “ayudita” bien direccionada sobre los laboratorios de drogas ubicados en el estado Apure, por ejemplo. Unas cuantas salutaciones bien propinadas en contra de objetivos y centros de poder de los malandros del siglo XXI, parecerían ser más que suficiente.

Lo demás sería un “levantamiento” popular dirigido; aprovechar el pánico y la estampida de enchufados que el olor a pólvora produce, para que Venezuela recupere a Venezuela. ¡Si alguien, en los tiempos que corren, nos “quiere echar una mano”, bienvenidos! Acaso debemos olvidar la guerra de Independencia, cuando el Libertador contrató a la Legión Británica e Irlandesa porque necesitaba ese empujoncito en la Campaña de Carabobo. ¡Bendito sea Dios! Pero, por favor, Venezuela: ¡es a Dios rogando y con el mazo dando!

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