Otro culebrón…


En serio: ¡nadie estudia pa’ pendejo! De la mismísima pluma de doña Delia Fiallo, Dios la tenga en su Santa Gloria, continúa enviando ahora desde el más allá, los libretos para la interminable telenovela: “La Venezuela del siglo XXI”.
La “saga” bolivariana, revuelta con la oposición, María Corina, Edmundo, y los otros enchufados, estelarizada por el primer galán del país, don Diosdado Cabello Rondón.
Así pues, el capítulo del fin de semana se abre con el “asedio” a las instalaciones de la Embajada Norteamericana con sede en Valle Arriba, Caracas.
El régimen está molesto. ¡Perdió la paciencia! Ahora sí que le van a cortar el pase de comida al sitio donde lleva meses bajo resguardo María Corina Machado escondida, según la poderosa G2 cubana.
Se abre la escena y aparecen docenas de patrullas con más bombillos que un arbolito de navidad. Camionetas blancas sin placas atestadas con matones del régimen. Todos ellos con las caras cubiertas. Todos ellos armados hasta los dientes. Todos ellos haciéndose selfis para subirlas a sus respectivos Facebook.
Sin duda se trata de los mismos estúpidos a los cuales les extrajeron en sus propias narices a las guacamayas y a la mamá de María Corina hace apenas unas semanas. Es decir: ¡Gente de fiar!
Poco importa que una buena cantidad de marines y de Fuerzas Especiales norteamericanas custodien la Embajada Norteamericana, hace años sin embajador. A decir de Padrino López: «¡Esos son unos tontos!». Para él no hay rollo alguno: ¡los bolivarianos están siempre rodilla en tierra!
En capítulos anteriores nos hemos enterado de que se trata de bandas de ladrones y vendedores de drogas de barrios, facinerosos con entrenamiento iraní, malandros con placas del estado, pagados con dólares robados al pueblo venezolano y perico proveniente del Cartel de los Soles.
Pero, esta noche, los rufianes del régimen han puesto alcabalas por todo el sureste de Caracas. Paran a todo el mundo. Están buscando desesperadamente cuatro pollos con yuca, ensalada rusa y guasacaca para llevar que ya salieron de los Hermanos Riviera; la señora Machado tenía hoy varios invitados.
Y ya sabemos: ¡ella no cocina! Cambio de escena y de locación. Ahora es en el Palacio de Miraflores, centro de Caracas. Toma desde el estacionamiento, bajo el emblemático Balcón del Pueblo. Adentro, en un salón ricamente decorado, de esos que tuvieron mejores tiempos y aun mejores invitados, está Nicolás Maduro dando vueltas de un lado para otro como un picure enjaulado.
En una esquina, parado y observando atentamente toda la escena con un whisky en la mano, campaneando, se encuentra “Nicolasito”, no se pierde una sola de las rabietas del padre; ¡es que el muchacho está en entrenamiento!
En cambio, Jorge Rodríguez permanece sentado, bien derechito, con la espalda pegada a la butaca. Eso sí: con su eterna sonrisa de psicópata. Al fondo del salón se encuentra su hermana, «Delcy Heroína», echando dedos a uno de los tres costosísimos celulares que carga.
O chequea una de sus cuentas de “pensionada del seguro social” que posee en algún banco de Catar, o está ordenando una cita urgente con su masajista. Delcy todavía se cree que lo de fea se quita… En eso, casi que pateando la puerta principal entra el galán del culebrón, Diosdado Cabello Rondón.
“Cónchale, al fin se te ve la cara”, rebuzna Maduro. “Déjate de vainas Nicolás, tú sabes que tenía que salir primero de aquel cargamento”. Le contesta Diosdado muerto de la risa. “¿Qué cargamento, Cabello?”, pregunta Maduro distraído.
“¡Chamo, tú sabes que Padrino-López está enfermo, vale!”, le explica Diosdado. “¡Los gringos acaban de subir la recompensa por mi cabeza: ¡cincuenta palos!”, grita arrechísimo Maduro.
“El maricón gringo aquel, amigo de Jorge, que mandó la petrolera para hablar con nosotros, ¿no nos dijo que todo era en broma, que nada teníamos que tomárnoslo en serio?”. “¡Y, ahora ¿esto?”. “¡Eso es una burla!”. “¡Tranqui, mi presi!” Si sigues así te va a dar una vaina”, dice Diosdado, simulando estar preocupado.
«¡No chico, Diosdado, además de todos los chistes que hacen de mí! ¿Tengo que calarme también la chapita eterna del ‘Se Busca’?».
«¡Qué ladilla tan azul!», agrega molesto el colombiano. “Tranquilo, Nicolás: mandamos a recoger a María Corina; pa’ que los gringos sean serios!”, explica Diosdado.
«Ya me enteré, los cubanos me chismearon: ¿tú estás tratando de sitiar la embajada norteamericana? ¡Qué de bolas tienes tú, chico!».
“¡Mira Diosdado, la última de las ideítas, en enero, por poco nos cuesta el cuello con los gringos!», le dice Maduro, mirando fijamente a “los ojitos más lindos de la revolución”.
«¡Esa vaina es territorio norteamericano, chamo!¿Tú estás loco, vale?».
«Déjate de bromas Nicolás. Si quiero una clase de Derecho Internacional Público, me llamo a Edmundo para que me explique. Él siempre está disponible…», le mama gallo Diosdado a Maduro, muerto e’ la risa. “Esta vez no te pongas a inventar vainas con carteritas azules y pendejadas como esa, me haces el favor”, le ordena Maduro a Cabello. “Tranquilo, Nicolás: daño controlado”. «Más te vale, Diosdado, mira que ya lo
otro me tiene bien molesto», le suelta Maduro a Diosdado, visiblemente más tranquilo.
Entonces la cámara se acerca al bigote de Maduro, para luego moverse, haciendo un paneo, y posarse sobre Diosdado, quien cierra la escena con cara de pícaro y así termina el capítulo del día.
Hasta la próxima: a la misma hora y por el mismo canal. Ciao.
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