CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Ambiente familiar

Lo tenemos totalmente claro. Cualquier narrativa de cualquier venezolano que implique sacar a las mafias que controlan a nuestro país, te convierte inmediatamente en empleado a sueldo de la CIA.

El kit, solo para estúpidos, del cual ha abusado hasta el cansancio la sanguinaria dictadura cubana para desmoralizar y postrar cualquier disidencia en la isla y en Venezuela, viene en combo.

Trae frases clichés como “agentes de imperialismo”, “piti-yanki”, “traidores a la patria” y tres o cuatro bien sonados memes más que se arrastran desde la era de la fracasada Unión Soviética de Stalin.

Desde luego, ni en la Cuba de Castro alquilada a Nikita Jrushchov. Ni en el Vietnam del Norte, hipotecado a la China de Mao. Ni en el Chile de Salvador Allende, arrendado a la Cuba de Fidel, era imposible pensar que alguien fuera a cuestionar las relaciones entre cada una de esas parejas de baile.

O sea: ¿cómo quedaban los chinos de Mao con Ho Chi Minh? ¿O la supuesta épica de la revolución cubana que permitió a los soviéticos usar a Cuba como un enorme burdel? ¿O el Chile del Partido Popular con los asesores, esbirros y torturadores que Fidel tenía en Santiago para el año 1973?

Tenemos que suponer, como siempre ha venido pasando, que esos gobiernos que se han dedicado a la rapiña de todos esos pobres países en asociación con los locales nunca, pero nunca, están en la lista ni de imperialistas, ni tampoco de colonizadores, o neocolonizadores como se dice en estos días.

Hoy Maduro baila como puta de bar de carreteras con China, con Rusia, con Irán, con Cuba y con el narco colombiano-mexicano sin que se le corra ni un poquito el colorete que se pone en la cara.

Y para la narrativa de Diosdado y compañía, estos países son presentados como “grandes colaboradores”, o como “hermanos mayores” de la revolución bolivariana; o como la auténtica globalización del siglo XXI.

Para mí, y para cualquiera, todas esas potencias no son otra cosa que proxenetas, chulos de unos gánsteres que se hicieron con el poder y con los recursos de uno de los países más ricos del mundo. Es decir: ¡Bingo!

Yo creo que a los pueblos no les ocurre nada por azar. La narrativa cada vez más enredada y de falsete que construye y deconstruye el régimen a cada instante sobre la extracción de los «maricorinos» y de la madre de María Corina del país, habla de un quiebre muy importante en ese mal sarao.

En medio de este peo universal de aranceles, precios y valores del acero y del aluminio, generado por la administración Trump 2.0, China finalmente ha enseñado sus cartas.

Los chinos no son hermanitas de la caridad, son unos tremendos predadores. Los chinos no se andan con tropas ni juguetes dentro de Venezuela; para eso tienen a los iraníes que les hacen el trabajo sucio. Rusia no es tan aliada como potencia de segunda categoría de Estados Unidos como nos gustaría creer; Rusia está en el mercado, son prácticos, y se oferta al mejor postor.

Ayer con América por lo de Ucrania y los espacios territoriales que le quiere arrebatar a Zelensky, ahora con FU-MAN-CHU porque se pueden brincar el Swift, o pagar en rublos o con yuanes, y colocar el gas y el crudo que Europa no le está comprando por castigo.

Total, el bombillito rojo, pegado a una sórdida ventana de nuestro país, mantiene la luz de neón desgastado que reza de forma intermitente: AMBIENTE FAMILIAR.

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