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SI VENEZUELA GRITA, DIOS NOS ESTÁ TRATANDO DE DECIR ALGO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Yo no creo ni en brujas ni en hechizos; creo en Dios Todopoderoso, pero también creo en la maldad. En Venezuela, en nuestros momentos más críticos, la naturaleza ha hablado y siempre lo ha hecho a punta de gritos.

En 1812, al inicio de nuestra Independencia, la tierra tembló, destruyó buena parte de lo que existía y abrió las puertas a 11 años de furia y devastación inimaginable.

En 1999 el fango, las piedras y la muerte lavaron las laderas del Ávila para acabar con casi todo el Estado Vargas. Cuando el infame de Hugo Chávez salió a refrendar la constitución que ordenó hacer para perpetuarse él y sus hampones en el poder, un
pedazo de país se volvió a morir.

A casi treinta años de la Tragedia de Vargas, la nación lleva tatuada en la piel el horror que ha significado la pesadilla del siglo XXI. En junio, en el Norte de Venezuela, la tierra se volvió a mover. Con terrible furia, los terremotos que se ensañaron sobre el país hicieron añicos vidas y edificaciones, muchas de ellas mal construidas por un estado ladrón y sin escrúpulos.

Según informes de la NASA, la corteza terrestre en Venezuela se desplazó, se corrió, en algo más de 60 centímetros. Es decir: ¡el país se partió!

¿Coincidencia o fue que Venezuela se volvió a sacudir, como lo hacen los perros cuando están cundidos de mugre, ante tanta maldad, ante los crímenes y torturas que ha llevado a cabo la inmundicia del siglo XXI en contra de un pueblo indefenso?

Aquella gente del régimen solo cambió los nombres a las montañas, las autopistas y los estados, para siempre decir que estaban haciendo, sin nunca realmente hacer algo que beneficiara al país. Otra vez la tierra venezolana habló, y habló con total contundencia.

El país, la tierra, esta vez tiene que ser escuchada.

Por supuesto que Venezuela se encuentra controlada por las fuerzas armadas y por la Casa Blanca norteamericanas. ¿Acaso ese último desastre no es culpa directa de un régimen de peligrosísimos mafiosos que obligaron a América a actuar en contra de
Maduro y de sus secuaces? ¿Otro terremoto más?

¿Perder nuestra soberanía por culpa de un régimen hampón, capaz de matar a los venezolanos e intentar exterminar al resto del mundo con sus drogas y sus vicios?

Yo no estoy muy segura de aquello que dice que “la voz del pueblo es la voz de Dios”. De lo que sí estoy convencida es que cuando en Venezuela la tierra se mueve o el lodo se deslava, es Dios quien nos está tratando de decir algo.

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