Atrapados sin salida


Ahora la nueva peste china se llama “quédate en tu país”. Las tremendas restricciones migratorias que ha impuesto la administración de Donald Trump también están sacudiendo al mundo.
Cada país, cada rincón del planeta ha sido convertido en una cárcel a cielo abierto. Quien entra no sale, y quien logra salir, no entra.
La movilidad humana, al paso que van las cosas, corre el riesgo de parecerse a la que existía durante la Edad Media. Solo los ricos, por ejemplo, pueden entrar a Estados Unidos.
Europa va por el mismo camino. China y los países con muchísima plata del Oriente Medio piden permisos especiales para dejar entrar.
En Oceanía y en la olla del Pacífico todavía no se sabe. Y en cuanto al África Subsahariana realmente nadie en su sano juicio quiere ir a ese continente, allá la mayoría de la gente lo que quiere es salir, escaparse corriendo de aquel infierno.
Acá, en la América Latina, el gobierno mexicano advierte que no va a aceptar a otros deportados que no sean de México. Los hondureños dicen lo mismo. Bukele, en El Salvador, ofrece en alquiler sus cárceles-campamentos de trabajo a quienes tengan el dinero para pagar el alquiler por cada deportado sin patria.
Porque, la verdad sea dicha, Guantánamo tiene un límite espacial; y estamos seguros de que el régimen de Cuba no le piensa ceder ni un metro más de tierra para ampliar ni la bahía, ni mucho menos la base que tienen allá los norteamericanos.
En Colombia, Brasil y Argentina los venezolanos tendrán que hacerse invisibles para poder meterse, si es que continúan queriendo escaparse de Maduro y de sus rufianes.
Y, finalmente, el país que empujó la primera pieza que empezó a tumbar todas las piedras de este dominó humano, los Estados Unidos de Donald Trump, le va a tocar volver a montar aquellos campamentos levantados en los desiertos de Utah y Colorado, luego del ataque a Pearl Harbor, donde encerraron a los japoneses y a sus descendientes nacidos en América, mientras duraba la guerra mundial.
Por eso, Venezuela: ahora sí que estás encerrada. ¡Venezuela: ya no tienes pa’ donde coger!
¡Lo que queda es sacar del poder por las greñas a esos hijos de puta del siglo XXI!
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