Opinión

Carta abierta a mis amigos y a mis enemigos

Antonio Calatayud / Venezuela RED Informativa.us

Vivimos en el extraño mundo de la indolencia, la intrascendencia, la delincuencia, la incoherencia.

Los valores fundamentales del ser humano están siendo retados y violados por una sociedad cada día más permisiva, abusiva, explosiva, conspirativa radioactiva, impasiva, que lo ha trastocado todo, que intenta cambiarlo todo. Cabe el peligro de que el Caballo de Troya esté ya dentro de las murallas de la nueva Roma.

Que estemos leyendo una edición corregida y aumentada de La Decadencia y Caída del Imperio Romano.

Que aquí también se haya quedado abierta la famosa puerta trasera que mantenía segura la muralla que protegía de sus enemigos a la esplendorosa Constantinopla.

Que las fichas se hayan movido y que las cartas estén ya marcadas. Que los enemigos de la libertad, la democracia, la libre empresa, los derechos humanos, hayan prevalecido y estén a punto de vencer contra el ejército de los buenos.

Que aquel gran sueño del hombre libre se haya convertido en una terrible y macabra pesadilla.

Ahora bien, sean esas apreciaciones ciertas o completamente falsas e imaginarias; si resultara que el panorama nacional e internacional no fuera tan gris como muchos lo vemos, la respuesta, una o la otra, no puede ser muy diferente.

Tenemos que despertar, actuar, empoderarnos, unirnos, atrincherarnos, reinventarnos.

Crecernos ante las adversidades, jamás cansarnos, evadir los campos minados, las inevitables trampas, el mentiroso discurso de los falsos profetas, la traición de los actuales Judas.

En fin, que no nos rindamos ni nos auto derrotemos.

Que se sepa que en esta lucha por nuestros valores y nuestras libertades no caben las debilidades, los renunciamientos, las derrotas. Que necesitamos una sobredosis de hormonas y de neuronas.

Que estamos en una gran cruzada por la libertad, por la persona humana, por la Humanidad. ¿Qué les parece? ¿Echamos la pelea o nos rendimos?

Si la opción es la segunda, no cuenten conmigo. Si la opción es la de la lucha a muerte, sin descanso y sin cuartel, contra los enemigos jurados de nuestra civilización cristiana búsquenme cuando quieran. De seguro me encontrarán.

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