Se dice y no se cree

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us
En Venezuela la ausencia de gobierno da para mucho, da para todo. Por ejemplo, la sensación colectiva de crecimiento económico interno que percibe una parte del país se corresponde a un salvaje “cada quien haga lo que le dé la gana” en la economía. Pero en lo político, en la poca institucionalidad que aún sobrevive, aunque sea como cáscara, como fachada, la cosa pinta de otra manera.
El régimen aprieta como un alicate con un aparato bien engrasado de crimen y horror al estilo nazi a todo aquel que se le atraviese. Solo permite la disidencia arreglada, de forma cosmética; mientras a la Resistencia de verdad-verdad lo que le sale es cárcel, torturas, desapariciones y juicios interminables.
Aquellos espacios que el régimen tolera y acepta como abiertos, son para que se rebusquen sus fuerzas armadas, sus policías, sus gobiernos regionales y municipales, propios o asociados. Una feudalización bizarra, un caciquismo tributario como el del siglo XIX venezolano, es el modelo que le funciona a la dictadura de la revolución del siglo XXI. ¡Atraso!
Así pues, en la Venezuela de estos malandros, todo sin excepción termina pasando por entre los bolsillos de este remedo de gobierno y de sus muchísimos enchufados.
El viejo estado petrolero, omnipresente y ricachón ha sido reemplazado por un grupo de fulanos que poseen el control absoluto y completo del país, una delincuencia institucional pegada al poder político, con fortísimos apoyos internacionales.
Hoy somos un caso clínico, de estudio, pero por lo patético. Venezuela es una enorme cárcel bajo el dominio efectivo de grupos y subgrupos de pranes, asesinos, pillos y ladrones que han obligado a vivir a todo un país bajo normas torcidas, feas y sucias.
Es contra esa forma de gobierno que se pretende llevar a cabo unas “elecciones libres” en la Venezuela de 2024. ¡SE DICE Y NO SE CREE!



