CITGO también es Venezuela


¿Y en este juego que pone sobre la mesa tantos y tantos millones de dólares la CITGO no importa? Insisto: ¡CITGO es Venezuela!
CITGO son más de 2.700 estaciones de servicios regadas por todo Estados Unidos. Tiendas de conveniencia. Y por los huracanes que soplaron en este mismo agosto, estuvieron a punto de rematarla al mejor postor. Postergaron para diciembre la decisión Caramba, ¿también se la piensan arrancar al pueblo venezolano? Cuando piensan, no solo me refiero al narco-régimen, señalo también a la actual Directiva de la CITGO, al juez de la Corte de Delaware y a los tenedores de los bonos 2020. ¿Pero qué más, Dios Santo?
¿Qué más mi pobre pueblo tiene que perder, o le tienen que robar, estos malandros que llevan 26 años metiéndose dentro de sus bolsillos a todo mi país? ¿Qué paso, Venezuela: te van a volver a atracar? ¿Al país no hay quien le duela?
Mientras llega ese “algo” que supuestamente se está cocinando, ¿nadie va a levantarse a pedir verdadera justicia para que la nación, la nación, no los rufianes de lado y lado, se pronuncie, reclame o se encadene a cualquiera de los portones de la Refinería Espíritu Santo que tenemos en Texas, que es de todos los venezolanos? Yo Pablo Medina estoy dispuesto a hacerlo, espero que haya venezolanos que me acompañen.
¿Qué es entonces lo grande, qué es lo que muchos entienden por Política con “P” mayúscula? ¿Por qué dejan que se le arrebate al pueblo venezolano la CITGO? ¿O que los trabajadores venezolanos, así como los pensionados en Venezuela, continúen recibiendo unos sueldos, salarios y pensiones en montos de porquería?
Por favor, que alguien me diga: ¿Qué es lo importante para el país y que es lo secundario, lo accesorio, aquello con lo que se puede dejar de “vivir”, prescindir, como país sin necesidad alguna de pararle media bola? ¿La ausencia de nuestros chamos en las escuelas, no la deserción, la ausencia, el vacío; la desaparición de los niños en edad escolar dentro de un sistema de educación manejado por maestros que reciben pagos en forma de limosnas para seguir parados frente a un pizarrón?
Para esta gente que es tan importante, como nos han dicho por los siglos de los siglos allá que son los políticos en nuestro país. Para esos “próceres” de lado y lado debe haber, debe existir algo, cualquier drama criollo, que sea importante. ¡El que sea! ¿Será posible que lo que viene es un “quítate tú pa’ ponerme yo” de naturaleza colosal?
Para que nos entendamos: ¿una notificación de despido a los chinos de FU-MAN-CHU, a cambio de la bienvenida a la poderosa e hipertecnificada y superproductiva industria petrolera norteamericana? ¿Hacia allá es que marcha Venezuela? ¡Ni le quito ni le pongo nada!
Maduro, que pocas veces dice alguna otra cosa que aquellas que quienes lo titiritean le manden a decir, dice, cito: “Este es el mejor momento que ha tenido en toda su historia la revolución bolivariana”.
Y si a esa y otras mentiras, le sumas lo que viene sucediendo en América desde principios de este año, empiezas a “sacar” cuentas. Por ejemplo: ¿Qué pasó con el Canal de Panamá, la Ruta de la Seda y los chinos que, de un día para otro, se evaporaron del istmo después de casi haber acabado con el agua del tapón del Darién con el cuento de “ampliar” la vía?
¿O ahora alguien va a salir con el chiste de que fue el cacique Mara quien perforó, desarrolló y sacó el crudo de la cuenca del Lago de Maracaibo para meternos en el negocio de los hidrocarburos? Lo cierto es que, ochenta años después del reventón de Los Barrosos y del Zumaque Uno, le encasquetaron a Carlos Andrés Pérez una infraestructura industrial roñosa y casi que obsoleta, que fue lo que el país pagó, millones sobre millones, como Nacionalización de la Industria Petrolera.
Perdonen: ¡Solo estoy hablando de historia! Por eso, ruego a Dios que la recuperación y mejoramiento de las relaciones comerciales de naturaleza petrolera entre EE.UU. y la dictadura de Venezuela se convierta en un éxito, en un mejoramiento real para las grandes mayorías bien jodías que tiene nuestro país.
Pero igual me sigo haciendo la misma pregunta. Y ustedes disculpen, pero no la puedo evitar. ¿En Venezuela habrá un cambio real para cambiar o se trata solo de hacer buenos negocios?
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