¿Cómo queda Juan Bimba?


¿Será posible que lo que viene es un “quítate tú pa’ ponerme yo” de naturaleza colosal?
Para que nos entendamos: ¿una notificación de despido para los chinos de FU-MAN-CHU, a cambio de la bienvenida a la poderosa e hipertecnificada y superproductiva industria petrolera norteamericana? ¿Hacia allá es que marcha Venezuela? ¡Ni le quito ni le pongo nada! Maduro, que pocas veces no dice otra cosa que no sea de quienes lo titiritean, manda a decir, cito: “este es el mejor momento que ha tenido en toda su historia la revolución bolivariana”. Y si a esas y otra mentiras, le sumas lo que viene sucediendo en América desde principios de este año, empiezas a “sacar” cuentas.
Por ejemplo: ¿Qué paso con el Canal de Panamá, la Ruta de la Seda y los chinos que, de un día para otro, se evaporaron del Istmo después de casi haber acabado con el agua del tapón del Darién con el cuento de “ampliar” la vía interoceánica?
Los Estados Unidos de América, que son los que se inventan al Estado Independiente de Panamá como país, arrancándoselo a Colombia en el Waldorf Astoria a principios del siglo XX. Que se tiran 10 años acabando con la fiebre amarilla y construyendo con sus fuerzas armadas una de las grandes maravillas modernas, con dineros de sus contribuyentes.
¿Cien años después se van a dejar arrebatar el Canal por los chinos y sus relajos con el gobierno de Panamá; a cuenta de una vaina que llaman la “Ruta de la Seda”, sembrarle par de fortificaciones asiáticas en cada uno de los dos océanos?
Como los ingenieros hidráulicos chinos son una “maravilla”, las esclusas ahora funcionan medio día, después de evaporada el agua con que suben o se bajan a los barcos de un océano a otro a través del llenado de las esclusas. Sí, sin duda, aquello no estuvo bien. Lo bueno es que ni en Panamá, nadie habla más del asunto. A chino muerto, yanqui puesto.
Así las cosas, ¿no aplica igual para la industria de los hidrocarburos en Venezuela? Creo que tiene, más o menos, el mismo formato de origen.
Lo cierto es que, ochenta años después del reventón en Los Barrosos y del Zumaque Uno, le encasquetaron a Carlos Andrés Pérez una infraestructura industrial roñosa y casi que obsoleta, que fue lo que el país pagó, millones sobre millones, como la Nacionalización de la Industria Petrolera. Con haber esperado 6 años de 1976 a 1983 y con un solo dólar, uno solo, se habría activado la cláusula de la ley de Reversión de toda la Infraestructura que existía en el país que incluía la obligación de las empresas
yanquis de entregarlas en excelente estado. CAP las indemnizó y de paso se habló de coima para CAP y Pedro Tinoco.
Visto así, ¿es justo que todas las compañías petroleras yanquis, holandesas e inglesas, una vez consolidadas en PDVSA, terminaran dedicadas a la venta de carne del Brasil, quesos de Uruguay y Panelas de San Joaquín? Perdonen, mi gente, ¡solo estoy hablando de historia!
¡Y de historia reciente! Por eso, ruego a Dios que la recuperación y mejoramiento de las relaciones comerciales de naturaleza petrolera entre EE.UU. y la dictadura de Venezuela se convierta en un éxito, en un mejoramiento real para las grandes mayorías, bien jodías, que tratan de vivir en nuestro país.
Pero igual me sigo haciendo la misma pregunta. Y ustedes disculpen, pero no lo puedo evitar: ¿En Venezuela habrá un cambio real para cambiar; o se trata tan solo de hacer buenos negocios entre nada más que un grupito? Esa pregunta debemos hacerla especialmente a todas las personas que 29, 30 y 31 de julio del ano pasado bajaron de los cerros y tumbaron estatuas del tira besitos de Miraflores. El Parlamento Libertador llama a conversar y a organizarnos para afrontar lo que viene.
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