CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Conchupancia

En un país medianamente serio esas cosas no suceden. Y si ese país es de paso inmensamente rico en recursos naturales, de esos que se los pelea el resto de las naciones del mundo, menos aún.

Así todo, el colombiano se tira una cadena nacional para anunciar al pueblo que le piensa meter tres latas de carne en pote a las bolsas CLAP.

Y es el caso que ninguno de los payasos del circo electoral que tienen allá montado ni menciona, ni dice, ni mucho menos sale a mentarle la madre a todos esos delincuentes de estado que, encima, hacen burla de un pueblo del cual ellos son cómplices de maltrato.

Uno ya no sabe quién es más hijo de puta en Venezuela: ¿el régimen o su oposición de mentiras? Definitivamente, aquello es una competencia. Y, es el caso, ¡ambos grupos van empatados!

No hay un Rosales, ni una María Corina que diga esta boca es mía. Que no grite que están matando a la gente de mengua, mientras que unos pocos solo están pensando en lo que les puede caer por el negocio de hacerle las elecciones a estos parásitos, para que les quede bonito el disfraz de democracia. Déjense de vainas.

Lo que ocurre en Venezuela con los políticos de ayer y de siempre no es autocensura. Tampoco es miedo al régimen. Ni pánico a las mazmorras que dejó listas el asesino de Rodríguez Torres.

Aquello es la búsqueda de mantener a un gentío bien atornillado a los negocios, a los reales y a la impunidad para hacer lo que les dé la gana que ofrece la dictadura a todo aquel que mire para otro lado y no señale el espantoso desastre nacional. Todos ellos, por cierto, con el mismo cuento de «Calma y cordura» que usaba Eleazar López Contreras para mantener a la nación venezolana en estado cataléctico de idiotez colectiva. ¿Qué nos está pasando, Venezuela?

Un puñado de asesinos, matones y ladrones invasores que se trajeron de Cuba, de Irán y de la Colombia fea mantienen pisado a todo un pueblo bravo; a un Bravo Pueblo que hace menos de 300 años se sacudió él solito al viejo e inepto Imperio Español.

Maduro es un miserable hampón colombiano. La gran mayoría de los efectivos y altos rangos de sus fuerzas armadas se dedican al trajín y al saqueo de todo un país. Y los que una vez fueron partidos políticos democráticos de masas, hoy solo son feas franquicias que arreglan sus negocios en mesas con el régimen.

Lo que queda es el pueblo, el Bravo Pueblo venezolano. Ese Bravo Pueblo que un día, y muy cercano, se va a embraguetar y le dará un parao final al genocidio, al holocausto que se lleva a cabo en Venezuela a plena luz del sol y de quienes lo quieran ver. Y ese mismo pueblo arrecho, como un huracán, se va a llevar todo lo que se le pongan por delante.

Definitivamente: ni Venezuela y ni los venezolanos somos ni iguales, ni mucho menos parecidos, a los pobres pueblos de donde salieron todos los mafiosos que acompañan a la cucarachas del régimen de Miraflores. ¡Somos, todos, mucho mejores!

Por eso, es muy en serio: Venezuela: ¡no te sigas dejando joder! ¡Vamos a ponerle fin a esta VAINA!

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