Confesiones de un general


Las inquietantes confesiones del general Carvajal ni empiezan ni mucho menos terminan con la pavorosa historia del nivel de degradación hasta donde ha sido llevado el estado venezolano entre las manos de aquella gente. Pues, finalmente, hace muchísimo tiempo que Venezuela dejó de ser no solo un estado soberano, todo indica que hace muchos años que ya ni siquiera es un “estado”.
Que el país tenga una silla en varios organismos internacionales, bandera, escudo e himno nacional no lo saca del club siniestro de las peores amenazas a la humanidad como lo pueden ser Corea del Norte, Irán y toda una serie de países consagrados y hasta por definición dedicados a lo malo y a lo chueco como forma de instrumentación política, a la extinción de todo aquello que estorbe sus objetivos criminales.
Pero lo que hace simplemente imposible la sobrevivencia o la de cualquier tipo de convivencia con la claque que controla a la Venezuela del siglo XXI, consiste en las intolerables formas de control que ejerce el régimen sobre el venezolano de a pie.
Persecución, encarcelamiento, desapariciones extrajudiciales, tortura y muertes; la fórmula común y siniestra de todas las tiranías para mantenerse indefinidamente en el poder. El general Carvajal, hombre de confianza de Hugo Chávez, el hombre que Chávez designa por su talento para organizar un NARCOESTADO a la sombra de un país, deja un reguero de información aún mucho más inquietante.
El general Carvajal confiesa haber estado en La Habana para finales del año 2012. Y maneja de forma directa la muerte de Chávez, acaecida el 30 de diciembre, no en marzo de 2013.
Conoce del cáncer que lo carcomió. Que primero le mutiló una pierna. Y luego, ante los dolores atroces que ni los más potentes calmantes lograban mitigar, dicen ellos que, en un momento de conciencia, CHÁVEZ pidió que le aplicaran la eutanasia.
Y todo eso ocurrió el 30 de diciembre del año 2012.
El tiempo en que sus hijas se mostraban al lado de su cama de “convaleciente”, sosteniendo un diario Granma, que ponía la fecha de 1 de enero de 2012. Para así, según el régimen, dar fe de vida. Momento en que ya estaba muerto. Y la cuerdita de Maduro, Padrino y Diosdado dan continuidad a una gestión administrativa de estado, estando cuando Chávez había sido cremado. Después vino el teatro mortuorio, al sostener que estaba enfermo en el Hospital Militar Carlos Arvelo.
Se convocan elecciones, Henrique Capriles vuelve a ganar con el voto popular. Vende los resultados al régimen. Como meses antes lo había hecho cuando compitió en contra de un Chávez moribundo. Y luego el velatorio popular, paseando por toda Caracas a un muñeco de cera, mandado a hacer por diligencia de José Luis Rodríguez Zapatero en el Museo de Cera de Madrid.
Y todo eso que está diciendo el general Carvajal es apenas una picada de zancudo. El régimen, en lo profundo, es solo una mentira, además de violencia, pobreza, miseria. Y por encima de todas las cosas, irrecuperable.
Con aquella gente no hay nada que hacer, ni que decir, ni mucho menos que negociar.
Con el régimen de Caracas lo que resta es su extinción.
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