CUESTIÓN DE FUERZAS

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
El espinoso asunto de las entrañables relaciones entre la CHEVRON con la dictadura venezolana cada vez suena más a aquella canción de la Reina de la Guaracha, doña Celia Cruz, que en paz descanse.
“Muchilanga le dio a Burundanga, Burundanga le dio a Bernabé; Bernabé le pegó a Borondanga porque Muchilanga le pincha los pies…”. Todo un enredo.
Toda una competencia de pulso entre rufianes en un bar a medianoche, por el botín de los hidrocarburos de todos los venezolanos.
Ayer, martes 27 de mayo, debería haber tocado a su fin la licencia todopoderosa para hacer con los hidrocarburos de todos los venezolanos lo que los delincuentes del régimen de Caracas se les ocurriera, asistidos por la empresa norteamericana CHEVRON. Empresa que no llegó en paracaídas a los pozos y campos petrolíferos de Venezuela.
Fueron autorizados y permisados por el gobierno de Joe Biden. La CHEVRON llevaba más de cinco años asumiendo el rol de la extinta y muy quebrada PDVSA en todo lo referente a la búsqueda, extracción, transporte y venta de los hidrocarburos de Venezuela.
Llave en mano, el régimen solo ponía a disposición de la CHEVRON malandros y guerrilleros para la custodia de los “macundales” e instalaciones norteamericanas, mientras que los gánsteres del chavismo solo extendían la mano para repartirse la cochina después de costos.
La administración Trump 2.0, consciente de la enorme potencia financiera que la CHEVRON le facilita a la dictadura de Venezuela, se comprometió con las fuerzas democráticas y con la Venezuela que desea la extinción del régimen en la cesación del juego de complicidades peligrosísimas de todos esos mafiosos funcionando juntos.
El mismo secretario de Estado, el señor Marco Rubio, hizo de ese objetivo un asunto de honor. Hasta que se atravesó en su camino, evidentemente financiado por el poderoso aparato de lobbying de la CHEVRON, el señor Richard Grenell.
Este “caballero,” aparentemente muy conectado con la primera dama de los Estados Unidos, parece que tiene mucho que ver con el tipo de peinado que la señora Trump lleva, lo mismo que con el color que utiliza como barniz de uñas doña Melania.
Y por su parte, aparentemente sin autorización presidencial alguna, el señor Grenell, haciendo uso de todos los recursos que solo uno imagina tiene disponibles la propia CHEVRON, ha tratado por todos los medios de preservar la relación delictual entre la CHEVRON y la dictadura de Venezuela.
Total, la pelea entre bambalinas está siendo protagonizada en este momento entre una “loca”, con todos los recursos de la CHEVRON, en contra del gran amigo de los venezolanos que siempre ha sido Marco Rubio.
Lo último que sabemos es que la CHEVRON no sale de Venezuela. Supuestamente se queda dentro del país, restringida en sus funciones por instrucciones precisas del Departamento del Tesoro y de la propia Secretaría de Estado.
El asunto, digo yo, es que los mafiosos de Miraflores ya lo han dicho alto y claro: “los problemas de la CHEVRON con el gobierno norteamericano, es un asunto entre ‘gringos’. Para nosotros, si cumplen con nuestras leyes y nuestros objetivos, siempre serán bienvenidos”, dijo justamente el lunes pasado Diosdado Cabello.
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