El Fogón de la Editora

LOS NIÑOS DE LA SELVA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Los últimos números publicados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia UNICEF ponen los pelos de punta.

Contabilizan, supongo que cruzando información con los datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ACNUR, cerca de diez mil niños y adolescentes que cruzaron el Darién, solo en los primeros dos meses del año 2023.

Un camino de ciencia ficción que cubre los 60 kilómetros más difíciles de una larga y peligrosísima caminata que emprenden los muchos miles de inmigrantes, quienes se dirigen hacia la frontera Sur de Estados Unidos desde Suramérica. ONU estima que 90 mil migrantes cruzaron el Tapón del Darién solo en el primer trimestre de 2023.

Pero la noticia que sobresale consiste, inclusive, en algo aún más tenebroso: la cantidad increíble de menores que también están tomando el riego de la travesía. Lo cual quiere decir que son familias completas, pobladas de nómadas errantes, quienes huyen como sea y por donde sea desde sus países de origen, buscando un respiro de vida. Mayoritariamente desde Haití, Ecuador y Venezuela.

También resulta aún más dramático el dato de que, hasta solos, los niños y los adolescentes por su cuenta y sin ningún tipo de compañía, ya están empezando a cruzar al infierno del Darién. Seguramente para encontrarse con alguno de sus padres o familiares en Centroamérica o dentro de Estados Unidos.

Como en las guerras, como en los grandes desastres, como en todas las desgracias que padece la humanidad, siempre la primera línea del horror resultan ser los niños. Lo más frágil, lo más indefenso de la humanidad son quienes dan la cara a las pesadillas de los maltratos y de las huidas que les imponen los adultos.

UNICEF habla de “heridas invisibles” con las que sale de ese inferno una población desprotegida y generalmente abusada y explotada por la falta de escrúpulos de quienes hacen de esos senderos recovecos de la muerte. Individuos y organizaciones criminales que se aprovechan de las soledades de esos caminos, para abusar de mujeres y niños que deambulan por aquellas tierras de nadie.

Las familias enteras que se escapan de Venezuela, y en particular los niños solos que son empujados al horror de escapar de Venezuela por el hambre no son daños colaterales del régimen de Maduro.

¡Nada que ver! Son acciones directas, intencionadas y llenas de perversa maldad para empujar a todo un país a entregar su tierra, su cultura y sus valores a unos malvados que se están repartiendo a nuestro país con lo más pervertido, sucio y sin nombre de la raza humana.

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