El muerto tiene dolientes


Finalmente hoy llega diciembre y las cucarachas del siglo XXI mantienen una fe ciega que en Venezuela no va a ocurrir nada de nada. Que su régimen se mantendrá por los siglos de los siglos gracias al apoyo de la Cuba echadísima a perder y de las enormes carretadas de dólares sucios, oro de la nación robado y recursos rematados a precios de venta de garaje, que Miraflores ha repartido y sigue repartiendo a diestra y siniestra.
Todo ello, por supuesto, para que una increíblemente grande banda de gobiernos y gobernantes sin escrúpulos, repitan como loros adiestrados que Venezuela es asediada en su soberanía por el “imperio maluco”. Que Maduro es el presidente legítimo del país; luego del último megafraude electoral del 28 de julio de 2024. Y que el Cartel de los Soles es un invento, una excusa ridícula de los americanos, para sacar al régimen del poder y cogerse el petróleo de Venezuela. De todas formas el régimen, para su mayor tranquilidad y seguridad, se asiste con lo sobrenatural: paleros, hechiceros y brujos aseguran tener patas «parriba» la foto de Donald Trump, con un “trabajo” infalible para que nada de nada pase.
Y la verdad sea bien dicha: 26 largos e ininterrumpidos años de control de todas las instituciones y poderes del estado por un pequeño grupo de delincuentes les debe producir muchísima confianza. Lo han hecho muy bien. Hasta se inventaron una oposición que les jugó, una y otra vez, el cuentico de la democracia; dejándose comprar la voluntad por dinero contante y sonante. Pero, hay que insistir en ello, la revolución nunca, pero nunca ha estado sola. ¿Y cómo?
Con un país tan inmensamente rico como Venezuela han podido hacer lo que les ha dado la gana en todo momento. Es por eso que a los gobiernos cómplices e infelices a los cuales Maduro les ha revocado la licencia aérea para entrar y salir de Venezuela, les sale aguantar una pesadez más de aquellos imbéciles con los cuales tantas veces se han untado.
Es muchísimo lo que han trajinado al indefenso pueblo de Venezuela. ¿Cómo no aguantarle una pesadez de última hora al dictador caliche del país, quien por años ha sido su socio? Cuando ustedes vean u oigan a la España de Sánchez, a la Italia donde vive bajo protección de príncipe del renacimiento Rafael Ramírez, a Inglaterra, a Noruega, a Francia, a Suecia, a Turquía, a la Colombia de Petro, al Chile del Boric, al Brasil de Lula, al México de la doctora y docenas de países más pretendiendo mediar entre el NARCO-RÉGIMEN de Caracas y la América de Donald Trump, piensen mal y acertarán.
Ninguno de esos gobiernos se salva de años seguidos de negocios con el patrimonio robado de toda Venezuela. Resulta lógico y esperable que China, Rusia e Irán, por ejemplo, estén dispuestos a brindar algún tipo de apoyo, dentro de sus enormes temores, al régimen de Caracas.
Sin dejar por fuera a aquellos que están más enredados y comprometidos con la perpetuación de los bichos del siglo XXI en Venezuela; los estados fallidos de la más estricta confianza de la dictadura de Caracas: Cuba, Nicaragua, la chorrera de islitas del Caribe y aquellas organizaciones multiestatales que llevan toda una vida invisibilizando y mirando para otro lado la tragedia que vive Venezuela y sus venezolanos.
O sea: la ONU, la Cruz Roja Internacional y todos aquellos otros malandros con pasaportes diplomáticos que son buenos, muy buenos, pero para nada. Por eso, Venezuela: ¡basta ya de creer en más nadie! Solo uno se le ha parado al NARCO-RÉGIMEN enfrente de sus costas con el objetivo claro de acabar con todos
ellos y todos sus negocios puercos: ¡Donald Trump!
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