El régimen solo solito


Como las fulanas que deambulan «parriba» y «pabajo», cien veces por la misma acera, hasta que se consiguen con el cliente que les salva la noche, el NARCO-RÉGIMEN de Caracas trata de sacar el día.
Que Maduro y sus rufianes todavía continúan en estado de shock. Desde Diosdado hasta el NARCO Padrino, todos estaban convencidos que petróleo robado y barato mataba galán.
Pero se pelaron. Se creyeron que Donald Trump desconfiaba más de una Venezuela en manos de la oposición traidora y sin escrúpulos de siempre, que en los confiables hijos de puta con tantos años de dedicación ininterrumpida a estropear a nuestro país.
Los estúpidos del siglo XXI nunca se imaginaron que Rusia los entregaría en una primera mano de cartas. Que los cubanos solo sirven para hablar estupideces, chulearse al país y torturar muchachos.
Que los europeos tienen tantos problemas encima, que capaz que no quieren otro más con Donald Trump por mantener el flujo de negocios con los hidrocarburos de la Venezuela roja-rojita.
Que se está iniciando una recesión de padre y señor mío a nivel mundial. Que el consumo de combustibles está cayendo a la misma velocidad en que se está destruyendo la producción y el intercambio de bienes y servicios en todo el planeta.
Que China jamás y nunca se va a exponer por un país como Venezuela, donde hasta los mafiosos que la controlan no solo no le pagan todo lo que ésta le ha prestado, sino que tampoco tiene con qué devolverle el realero que se han robado los hampones que controlan al país. Y, de paso, que se le voltean a la primera de cambio, pues no le son leales ni a las madres que los parió.
Así, el régimen de Caracas comienza a deslizarse por un feo hueco. Un pozo sin fondo en donde el país que vive adentro va a pagar con más inflación, con más desempleo y con mucha más corrupción la extinción de los negocios internacionales que le abrió la administración de Joe Biden a las cucarachas del siglo XXI a cuenta de “amor es amor”.
Y para rematar, con una Venezuela regada por medio mundo, que ya está oliendo como el pescado que lleva tres días fuera de la nevera. Pues cada vez cada quien está más concentrado en su propia sobrevivencia, que en los problemas de otros.
Y nada que Edmundo termina de hacer para lo que fue contratado. González Urrutia y la gente que lo acompaña no tienen bien medidas las fantásticas oportunidades para salir de la plaga del siglo XXI en medio de este mundo que está patas «parriba».
¿O será que sí que las conocen y se hacen los policías de Valera?
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