CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Como la canción: «Todo tiene su final»

El tiempo no es de Maduro. La diplomacia paralela. El poderoso lobby de varias eminentes figuras del Partido Demócrata en este país; la presión, por encargo, de la CHEVRON sobre la Casa Blanca para que dejen a Maduro en paz robando y matando venezolanos como le dé su gana; inclusive la llamada telefónica que sostuvieron Donald Trump y el caliche, no están sirviendo para lo que el régimen y sus secuaces de adentro y de afuera tanto aspiran: una transición indefinida, lo más parecida posible a los eternos acuerdos llevados a cabo con la oposición electorera en Venezuela y una pandilla de países bien vestidos que han dicho siempre que se están jugando su prestigio en el casino de la paz y de la armonía del continente por “ayudar” a Venezuela.

¡Lo cual siempre, pero siempre, ha sido falso! Porque lo cierto, lo de verdad-«verdaita», es que con esta gente, con Donald Trump, no se juega a los carritos. Cada vez se les pone más lejos a los más altos rufianes de confianza del Cartel de los Soles el boleto sin retorno a Moscú, a Estambul o a algún chiquero del África Subsahariana.

Solo los pela bolas, los segundones de los segundones, en aquella jerarquía de “todos son iguales” ante el negocio que practica el NARCO-RÉGIMEN, ni Cuba ni Nicaragua pueden ser consideradas, ni convienen como destino final de tanto enchufado. Sin tener la bola de cristal guardada en el closet del apartamento de mi hermana Yolanda, donde vivo acá en Miami, ni mucho menos, yo veo una posible secuencia para este remoto desenlace.

Misiles y drones con potentes cargas explosivas una buena madrugada de Dios, aparecerán sobre los cielos de Venezuela. Sin exponer ni a un alma, el destino de aquellos aparatos será, con toda seguridad, los emplazamientos de producción y procesamiento de las drogas que genera y coloca el Cartel de los Soles para enviar a Norteamérica y al resto del mundo. El Alto Apure, la zona del Catatumbo y quién sabe
cuántos lados secretos más para nosotros, serán pulverizados en la primera oleada de fuego.

Con toda seguridad, para aprovechar el escándalo, la flota de liberación aprovechará el momento de confusión y pánico que tendrán nuestras muy gloriosas y valientes (con los muchachos de las guarimbas por supuesto) fuerzas armadas todavía leales al NARCO-RÉGIMEN.

Imagino que, a la misma vez, aparecerá un enjambre de aviones furtivos y recontra veloces con objetivos completamente identificados, que harán trizas los centros de mando y de comunicaciones que aquellos imbéciles deben tener regados por todo el país. Digo, todo el aparataje que el régimen debe tener para proteger sus rutas de salidas para la droga y todo aquello que pueda significar moler a todo venezolano desarmado que se encuentre en su camino.

Después de varios minutos, léase bien, varios minutos, de esos que se componen de fracciones de 60 segundos cada uno, el cuerpo de liberación nacional volverá a hablar con los secuestradores.

En castellano, inglés o en papiamento, Maduro y sus mequetrefes al ver la humareda saliendo por todos lados, seguramente decidirán ser recogidos. Eso si son sensatos y realmente aprecian sus vidas. Con toda seguridad: muchos de ellos llevarán rumbo a los tribunales de justicia de la Florida o del estado de Nueva York.

Mientras que otros, los menos afortunados, darán con sus huesos en la comodidades de la base de Guantánamo, ubicada en el Oriente de la tan querida isla de Cuba para tanto bandido que ha producido, para destrozar a nuestro país, la famosa revolución del hombre nuevo. Sin embargo: muchas veces la estupidez vence en la política. Y ese es el momento es que surgen de la nada las sopotocientas bolsas negras de las cuales tantas veces hemos hablado.

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