El Fogón de la Editora

ELLIOTT ABRAMS SE DESMOÑINGABA ACUSANDO A TRUMP COMO DURO Y EXAGERADO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Yo me acuerdo. Eso no fue el siglo pasado. Eso ocurrió quizás hace tres o a los sumo cuatro años atrás: en la Era de Donald Trump.

Elliott Abrams, asesor federal en política internacional de este país, se desmoñingaba acusando a Trump como duro y exagerado cuando la Casa Blanca de aquel entonces descargaba sanciones en contra de Nicolás Maduro y sus pandilleros en Venezuela. Para él no era ni suficiente ni importante todo lo que se hacía con el propósito sacar del poder al dictador de nuestro país.

Con bloquearles y fastidiar las cuentas y los guisos a los rufianes del régimen de Caracas no se iba a conseguir el regreso a la vida democrática y a la reinstitucionalización en Venezuela.

Grupos de facinerosos escondidos tras las barras y las estrellas lograron deshacerse de Donald Trump y todo empezó a cambiar entre América y Venezuela; a favor de Maduro y su gente, por cierto.

Y así, para no hacer el cuento demasiado largo, lo único que le falta al gobierno federal de este país para terminar de arreglar las relaciones comerciales y políticas con la dictadura en Venezuela consiste en reabrir la embajada norteamericana en Caracas, con embajador y diplomáticos movidos desde Bogotá y todo.

Y ahora Mr. Abrams continúa molesto, pero esta vez con la actual administración de la Casa Blanca. Don Elliott hace saber que la política norteamericana en este momento para con Maduro, con sus NARCOFUERZAS Armadas, los sobrinos de Cilia puestos en libertad y las magníficas relaciones de Delcy Rodríguez con la gente de la CIA son erráticas. Que Joe Biden y su actual Departamento de Estado dicen una cosa por un lado y terminan haciendo otra muy diferente en la práctica.

Que América da un paso para adelante y dos pasos para atrás en el asunto Venezuela. Por lo que podemos entender aquellos que vemos toda esta discutidera, percibimos que muchos políticos de este país se conformarían con solo la realización de unas elecciones falsas a la venezolana, que ahora por cierto llaman “justas”. Por más chuecas y tramposas que estas puedan llegar a ser, para así arreglar cosméticamente el desastre de país a la vista de todo el mundo afuera.

La verdad es que cada vez que leo o escucho a estos señores no puedo evitar recordar aquel dicho de mi país: «Cachicamo diciéndole al morrocoy conchúo».

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