En un país donde la lealtad se mide en consignas y no en justicia, ser policía y tener principios puede costarte la vida

William Jiménez Gaviria / Venezuela RED Informativa.us
El detective Dehivis David Olivo Hernández, credencial 41.978 del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), se negó a doblegarse ante la ideología dominante que, desde el poder, ha desnaturalizado el sentido de servicio público.
En su conciencia, la ley no debía estar al servicio de un régimen, sino al amparo de los ciudadanos. Ese pensamiento lo convirtió en objetivo.
El 15 de octubre de 2020, en completo sigilo y con el peso de la incertidumbre sobre sus hombros, Olivo Hernández se separó del CICPC. Sabía que su decisión no tendría vuelta atrás. Los organismos de seguridad del Estado, en especial la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), estaban alerta. No era simplemente un desertor, era un testigo incómodo.
Los controles en las vías eran implacables. Las alcabalas de la GNB no solo eran puntos de fiscalización, sino también centros de extorsión. El choque entre los cuerpos de seguridad era latente: celos institucionales, corrupción y territorios disputados marcaban una rivalidad silenciosa, en la que cualquier funcionario que escapara del esquema era visto como una amenaza. Sin uniforme, con documentos falsos y una determinación implacable, Olivo Hernández cruzó los llanos, los bosques y las fronteras interiores hasta alcanzar su primer destino: Brasil.
Allí permaneció cuatro años, intentando reconstruir una vida lejos de la vigilancia estatal.
Pero el brazo largo del régimen no descansa. En septiembre de 2024, una comisión de la DGCIM fue vista operando cerca de su zona de residencia. Los rumores crecían, las miradas se multiplicaban y el eco de pasos desconocidos lo devolvió a la paranoia.
El 7 de octubre de 2024 huyó de nuevo, esta vez hacia Norteamérica, en busca de refugio y resguardo. Ya no se trataba solo de sobrevivir, sino de mantenerse fuera del alcance de un sistema que castiga la independencia, el pensamiento crítico y la dignidad profesional.
Hoy, desde el exilio, el detective Dehivis David Olivo Hernández representa a una generación de funcionarios venezolanos que prefirieron la incertidumbre del extranjero antes que la traición de sus principios. Su historia no es solo la de un hombre, sino la de un país que ha obligado a sus mejores cuadros a esconderse para no ser silenciados.
www.venezuelainformativa.us no se hace responsable de la opiniones que aquí se publican. Es total responsabilidad del escritor




