Opinión

Etiología del crimen que destruyó a la sociedad venezolana

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa.us

Mucho se ha escrito sobre el tema, pero quizás poco se ha difundido y entendido. Sociólogos, criminólogos, psicólogos y más se han dado a conocer con teorizaciones unas más acertadas y útiles que otras.

Sin duda, la falta de educación junto con el mal ejemplo y la impunidad, constituyen el origen o fuente de la sociopatía que describe la perniciosa anarquía que nos previno El Libertador en su última proclama.

El más grande de los tres estadistas que ha tenido Venezuela, todo lo trató, hizo, entre tantos escritos formidables, un brillante diseño de la instrucción pública en 1825, antes, en 1819, en su Magno Discurso ante el Congreso de Angostura, calificó la moral y luces como los polos de la República y nuestras primeras necesidades y sentenció como profecía que la ignorancia sería el instrumento de destrucción del país. También en su Manifiesto de Cartagena de 1812, dijo que la impunidad fue una de las causas de la caída de la Primera República. Esa es la acerba trilogía del mal que constituye el título de este escrito.

Método curativo: en todo el curso de la instrucción debería verse como materia, deontología, como garantía del buen obrar y para combatir esa sutil atmósfera de crimen que involucra y guía la mala conducta social, con el mal ejemplo y la impunidad que ha sufrido Venezuela como crímenes y legado de sus presidentes y demás funcionarios públicos. La instrucción en Japón y Finlandia son buenos ejemplos para seguir.

Otro sueño sería evitar la impunidad, cosa que nunca se ha podido por falta de idoneidad de los operadores de justicia. Han caído cinco Repúblicas por la misma causa, con sus oprobiosas consecuencias.

Quien conoce el significado etimológico de crimen entenderá que su génesis está en un acto volitivo, una decisión de mal proceder por ignorancia o por envilecimiento, lo que generalizado por las causas señaladas ut supra, derivan en la guerra total que sufrimos.

Muchos profesionales y funcionarios ejercen sus oficios con actitudes que opacan su propia virtud sin que muchas veces lo entiendan, esa es una de las consecuencias y se hacen víctimas y victimarios en este sistema depravado, generado por las malas políticas públicas y su consecuente anarquía.

Nuestra guerra total es digna de estudio y análisis porque nos muestra conductas insólitas de las personas, que sería muy extenso anotar, casi todos andan a la caza del necesitado, inocente, confiado o decente y lo cazan con cualquier vil ultraje, por decir lo menos.

Se agota la amistad con la fascinación de encontrar y compartir las maravillas de cada persona, porque lo cotidiano es una suerte de Caja de Pandora en muchas de ellas. Dijo El Libertador el 17 de diciembre de 1819, al salir de Angostura: «En nuestras venas no corre sangre sino maldad mezclada con terror y miedo».

Un libro publicado por los malvivientes que están usurpando el poder dice: «Los nombres de nuestros libertadores se confunden con los de Ernesto Guevara…» y nombra otros asesinos comunistas. ¿Cómo puede haber paz con semejantes criterios tan desviados y torcidos?

El tema es de política criminal que hace de la viva social una guerra total donde aflora lo más desenfrenado del ser humano: la ignorancia de la virtud, es decir, la decencia, la responsabilidad, el deber, la justicia, etc. «Un pueblo pervertido si alcanza la libertad, muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la verdadera felicidad consiste en la práctica de la virtud».

No resultará fácil rescatar la sociedad de Venezuela, pues le robaron lo más valioso a su pueblo: ser gente, ser ciudadanos, ser éticos, ser dignos, ser honorables, ser decentes. Sin esos valores, solo serán esclavos como ahora.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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