Gato encerrao


Mientras finalmente el papa canoniza al «Siervo de Dios», el doctor José Gregorio Hernández Cisneros, González Urrutia sigue del timbo al tambo. No hay forma ni manera de que Edmundo salga del papel de presidente electo.
¿Habrá algo que se pueda hacer para que tengamos un presidente de verdad en nuestro país?
Porque Maduro ni es presidente ni tan siquiera es venezolano.
Y, de paso, trampa tras trampa, nunca ha sido alguna vez presidente de Venezuela. A la Resistencia no le dan las cuentas, ni con chapitas. Ya no hablamos de “ábacos”, pues los chinos están en remojo…
A la Resistencia no le cuadra que Edmundo no se invista como presidente constitucional, aunque sea en el patio de su casa. La única forma de hacer un gobierno en el exilio, de nombrar ministros y vicepresidentes, de hacer políticas de estado enfocadas a la salida del régimen que controla a nuestro país es que este señor asuma el rol de presidente constitucional.
Nombre un gabinete y salgamos todos a moverla por lo que queda del mundo para que nos tomen en serio. Un gentío puede más que cuatro gatos saltando de un techo a otro.
Entonces, ¿quién está parando, quien detiene a Edmundo para que no se convierta él y un posible gobierno legítimo y legal de Venezuela en el exilio en una piedra dentro del zapato para alguien? ¿Qué es lo que está pasando?
¿El NARCO-RÉGIMEN venezolano cada vez está más duro y más fuerte, y quienes tenemos en las manos la legalidad y la legitimidad de los símbolos del poder en el país, el pueblo venezolano, andamos casi que escondiéndonos?
No nos engañemos, ni nos hagamos adictos a las rabietas de María Corina: Maduro se está solidificando en su trampa, contra todo pronóstico. ¡Aquí hay gato encerrado!
Alguien, a quien le conviene, tiene parada a la Venezuela que tiene la legitimidad y la legalidad otorgada democráticamente por más del 70% del pueblo venezolano.
A alguien le interesa muchísimo sacar de la jugada a la Venezuela legítima y legal; ponerla al margen de los inmensos negocios que están comprometiendo el patrimonio de todos los venezolanos en materia de explotación de nuestros recursos. Y que Dios me perdone: ¡todo esto a mí me huele a petróleo!
En algún momento, debemos pensar en alguna formula para salir de este atolladero.
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