CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Justicia panamericana

Yo soy de los que creen que el país, la nación, la gente que está dentro y quienes estamos dando vueltas por el mundo, contamos con total capacidad para que mañana mismo, si es preciso, iniciemos la etapa de transición y reconstrucción de todo el país. Creo que el presidente Edmundo González debe poner inmediatamente en marcha un gobierno de unidad nacional que inicie la recuperación y la reinstitucionalización de Venezuela de manera inmediata.

Una parte muy importante del país lleva casi tres décadas capacitándose, preparándose para hacer un verdadero gobierno de inclusión y reconstrucción nacional, una vez que la plaga que nos ha barrido salga del juego político.

Un gobierno que empiece por recuperar al estado venezolano. Un gobierno que se inicie sacando del país a las tropas extrajeras y a los supuestos asesores del actual régimen, que no son otra cosa que sanguijuelas y parásitos que han venido colaborando con la dictadura en la destrucción y en el aniquilamiento de Venezuela y de los venezolanos.

Y como una vez le oí decir a María Corina Machado sobre el destino que ella aspira para Nicolás Maduro y para los otros tantos rufianes que tanto daño le han hecho a nuestro país: deben pasar por la justicia a todos esos hampones de estado, mientras recomponemos a Venezuela. Se puede comer mango y caminar a la vez sin riesgo de caerse.

Sentar en el banquillo de los acusados y exigirle cuentas a tanto malandro del siglo XXI que tanto daño le han ocasionado a Venezuela, es fundamental. Es parte de la catarsis y del verdadero reencuentro nacional.

Hay que hacer justicia; ¡yo no hablo de hacer venganza! Son dos asuntos completamente distintos. Hay que echar a probar al país que sirve; no al país que dejan esos hampones. ¡Somos distintos, somo mejores que toda esas sanguijuelas!

La experiencia de la Alemania luego del nazismo, tras el triunfo de la coalición que puso fin a la noche que significó la dictadura de Adolfo Hitler, tiene mucho que enseñarnos. Los juicios internacionales llevados a cabo en la ciudad de Nuremberg entre los años 1945 y 1946 pueden servir perfectamente como un modelo de justicia a seguir en la Venezuela del «día después».

Pienso que debemos promover, desde la América Democrática, la creación de un Alto Tribunal Panamericano que conozca y juzgue los delitos de exterminio y aniquilación que han practicado cientos de personajes vinculados a los estados fallidos. Un Alto Tribunal Panamericano que tenga capacidad y suficiente autoridad para juzgar a todos aquellos individuos, quienes a través de excesos cometidos en el ejercicio del mal uso de los poderes públicos, derivaron sus actuaciones en crímenes en contra de pueblos enteros.

Una Supra Carta Democrática que funcione no por adscripción, sino por aceptación voluntaria por parte de cada uno los gobiernos de nuestro continente. Más bien una justicia supranacional que sea capaz de juzgar sin ninguna piedad a todos aquellos individuos que, escondidos detrás de supuestas funciones de estado, tengan cuentas pendientes con delitos de reconocimiento universal y supranacionales como lo son el genocidio, las desapariciones forzosas, el peculado y la malversación del patrimonio colectivo de toda una nación. Un paso adelante, un profundo golpe de evolución de toda nuestra América, orientado hacia una autentica y lógica interpretación del concepto y de los criterios de soberanía de los estados, en plena Era del Conocimiento.

Sobre la impunidad y el olvido de los crímenes contra pueblos enteros no se construye ningún proyecto que valga la pena.

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