CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Como decía Cantinflas

Treinta años después, aquellos miserables que hicieron de Venezuela un feo burdel de carretera, no pueden salir ahora a tratar de engañar a nadie. Delcy, Jorge, Diosdado, Padrino, El Aissami, Tarek y tantos y tantos más, no tienen cómo hablar mal de régimen ladrón y asesino que desplumó a Venezuela y a todos los venezolanos, el cual se comenzó a desmontar con la captura de «Narcolás» y de alias «Cilia».

Toditos ellos fueron y son parte del mismo guiso; ellos fueron y continúan siendo “EL PROBLEMA” en nuestro país. Claro que se entiende: colocar como dictadora interina a «Delcy Heroína» es un inteligente intento de no hacer explotar a Venezuela por sus cuatro costados. Hay que estabilizar a Venezuela primero. ¡Muy bien!

Pero también hay que empezar a desmantelar ya las metástasis cancerígenas en que convirtieron a todos los poderes públicos aquellos malandros del siglo XXI.

Esos que hicieron posible que la payasada bolivariana se pareciera, aunque fuera remotamente, al gobierno de un estado normal, pero sin serlo ni por asomo.

Una operación gansteril a muchas manos, orquestada por Hugo Chávez y Fidel Castro, les permitió crear a ese par de rufianes un entramado, adentro y afuera del país, conectado con el crimen organizado mundial para su propio beneficio y el de sus más íntimos secuaces y enchufados.

Por eso hay que abordar ya la justicia transitoria local venezolana que inicie la reinstitucionalización del país. Hay que cambiar a todo el sistema judicial del país. Un aparato montado a punta de algo peor que las viejas “tribus” de la Cuarta República.

Miserables que se han enquistado en el entramado judicial del país, en el policial y en de la fiscalía, convirtiendo a la justicia nacional una enorme cebolla podrida, formada por capas y capas de vicios y corrupción sin límites, con el único propósito de robar, asesinar, chantajear y mantener callado al pueblo de Venezuela.

Eso hace imposible que sean ellos, aquellos mismos miserables, quienes administren la justicia que tanto necesita el país para empezar a cerrar sus enormes heridas. La insulsa de la Ley de Amnistía, insisto, es otro intento más del régimen de huir hacia delante.

De desviar, como es su costumbre, la agenda nacional sobre todos los delitos que aquellos vendidos tienen pendientes con todo el país, fabricando un disparate sin pies ni cabeza para que Venezuela se distraiga de lo importante y se concentre en ese bodrio legal.

Y eso, eso lo tiene que manejar, en nombre de los más sagrados intereses del pueblo venezolano, el procónsul asignado por el presidente Trump para la transición en Venezuela, el secretario de Estado Marco Rubio. Es que no se puede olvidar: coincidimos en muchos temas con la Norteamérica que le tiene precio puesto a las cabezas de los terroristas y narcotraficantes de estado Hechos en Socialismo. ¡Muy cierto!

Pero no podemos perder de vista que los intereses de Venezuela y de los venezolanos también son fundamentales y refundacionales para nuestro país.

Si no hacemos que ambos intereses, los de Norteamérica y los de Venezuela, sean complementarios, entonces estamos mal, muy mal. Como decía Cantinflas: “Estábamos peor, pero estamos mejor, porque estábamos bien pero era mentira. No como ahora que estamos mal, pero es verdad”… «Ahí está el detalle».

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