LA VIDA ES UN CARNAVAL

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
Lunes de Carnaval en Venezuela. Sin reinas ni princesitas en los colegios ni liceos por órdenes de los hampones que controlan al régimen. El mejor momento para intentar disfrazar al país de mentiras y embustes, de esos que se caen por tener las patas muy cortas.
Debe ser por eso que Diosdado le resta importancia a la suspensión, por parte de la administración de Donald Trump, de la licencia de complicidad que otorgó el gobierno de Joe Biden para darle oxígeno a la dictadura que asola a Venezuela.
Y así, la CHEVRON, de la mano con los pillos del régimen de Caracas, han aprovechado para robarse juntos el petróleo que es de todos los venezolanos. Pero, como parte de este carnaval, Diosdado dice que eso no importa. Que entonces ellos le venderán el crudo y el gas, que llevan añales robándose, a China y a la India. Eso sí; ¡tragando grueso!
Porque todos conocemos que la CHEVRON no solo diligencia el embarque y los pagos que se reparten con la dictadura, y que luego estos corren hacia las cuentas en el fin del mundo que tienen llenas con plata que no es de ellos, los miserables del siglo XXI.
Porque la CHEVRON perfora. La CHEVRON extrae. La CHEVRON embarca el crudo y el gas. La CHEVRON coloca en los tanques los hidrocarburos que van de salida.
Porque a la CHEVRON le ha tocado reparar los viejos y oxidados depósitos que todavía llevan los machones aquellos de “AHORA PDVSA ES DEL PUEBLO”, que dejó el otro delincuente de Rafael Ramírez, antes de caer en desgracia con quienes continúan asolando al país después de la muerte del delincuente mayor.
Porque por obra y gracia de Joe Biden y de sus enanos, la CHEVRON hace años que asumió en Venezuela el papel de PDVSA. La CHEVRON es PDVSA. La CHEVRON es y ha sido la caja chica más grande jamás antes vista al servicio de una dictadura en todo el mundo.
De hecho, la CHEVRON ha sido el equivalente, tres siglos después, de la Compañía Guipuzcoana de la España colonial, en pleno siglo XXI, para el régimen de Miraflores.
Así y todo, nos toca oírle repetir a toda la comparsa del siglo XXI las mismas idioteces y mentiras de siempre.
Como si llevaran disfraces gastados de tanto usar, continúan con las ridiculeces de los supuestos ataques del imperio. La guerra eléctrica. La falta de agua por culpa de los norteamericanos. La miseria y la pobreza a la cual han llevado a todo un país en menos de una generación que, desde luego, siempre es culpa de cualquier otro.
Todo parece indicar que este será el último carnaval en el que pretendan mantener el disfraz de gobernantes. El tiempo se les agota y van a tener que salir.
Se le acabaron las últimas bolsas de caramelos para tirárselos al pueblo que ellos han destruido, luego del grito aquel de “aquí es… aquí es”, que acompañaban el andar de las carrozas de mi época.
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