CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Las confesiones del general Clíver Alcalá Cordones

Mientras que toda la nación venezolana lleva días saturando las redes con chistes y guasas por la caída de la plancha de la primera combatiente, a lo importante se le echa tierrita.

Allá, acá y en cualquier otro lado, se omite hacer mención alguna sobre las confesiones que hizo el general Clíver Alcalá Cordones durante su comparecencia en el juicio que se le siguió por narcotráfico en Estados Unidos.

El general Alcalá declaró, con la esperanza de conseguir algo de clemencia por sus fechorías, que efectivamente participó de la instalación, en el montaje y en la puesta del “exitoso” funcionamiento de una potente red de producción, transformación y distribución de narcóticos a nivel mundial desde la protección del estado soberano.

Pero, por favor, Venezuela: ¡no te tomes solo la espuma del café con leche! Clíver Alcalá soltó todo el cuento. Alcalá le dijo a la justicia norteamericana que todo lo que hizo, todo lo que llevó a cabo en ese inmundo asunto lo realizó por órdenes directas de su comandante presidente, Hugo Rafael Chávez Frías.

Que todo lo que se hizo en materia de la participación del más alto gobierno de Venezuela en el negocio internacional de las drogas fue concebido como un plan de estado, una versión corrompida, siniestra e infame de política exterior del régimen implantado por Chávez en conchupancia con una serie de poderosas bandas de narcotraficantes colombianas, mexicanas y del estado cubano, con el fin de introducir estupefacientes en las calles de los Estados Unidos de América y de Europa.

Y solo para aquellos que insisten en mantenerse con la cómoda venda en los ojos: ¿Por qué Alcalá Cordones mentiría? Ya estaba preso, con su braga naranja, y todo indica que corriendo el mismo futuro de Manuel Antonio Noriega. ¿Por qué diría una cosa que no fuera verdad?

O sea, a la «Cilita» se le caen los dientes y nos reímos todos por un mes; pero el régimen venezolano es puesto en completa evidencia en su rol de NARCOESTADO a través de un general de muchísimos soles en un tribunal norteamericano, mientras tanto el Departamento de Estado aprovecha y amplia el margen de tiempo para las licencias de producción petrolera de empresas de su propio país en Venezuela; extensivo a poderosas empresas de varios países aliados, como si allá, en Venezuela, ¿no pasase nada?

A muchos de estos cuentos le faltan bastantes pedazos que no nos han contado. Acá lo único que está claro es la historia de la señora que, hablando, se le salió la plancha de la boca. De eso es lo único que medios, tradicionales y alternativos, influencers y opositores electoreros en Venezuela repiten muertos de risa.

¡Ah! y de las peripecias que le hacen pasar a María Corina montándose y bajándose de una chalana; o de las declaraciones de Ramos Allup, quien se compromete a no freír a ningún chavista en aceite de coco el día después.

Total, mejor es que haga como escribe mi hermana Yolanda a cada rato: “¡No digo más!”.

Capaz que ahora resulte que el delincuente internacional, el narcotraficante de estado resulto ser yo; como siempre pasa en Venezuela: «el más pendejo», como decía aquel famoso borrachito de la Ilustre población de Río Caribe: “¿A que estamos jugando, compai?”.

Por eso Venezuela: ¡No te sigas dejando joder! ¡Vamos a ponerle fin a esta VAINA!

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