El Fogón de la Editora

ME DUELE EL ALMA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Apenas el lunes lo escribíamos en «El Fogón». ¿Cuántos de tantos y tantos venezolanos que han tenido que huir de Venezuela llegan adonde sueñan y cuántos se quedan en el camino?

Los que murieron atropellados por la embestida de un demente en Texas, a la salida de un refugio para inmigrantes, suman en las estadísticas fatídicas del odio. Y en las cuentas de los que nunca terminaron de llegar.

Seguramente, las más recientes víctimas, entraron a este país a pie. Se salvaron de Maduro. Atravesaron el infierno del Darién, esquivando la muerte a cada paso. Caminaron toda Centroamérica, evitando los controles, pagando chantajes por todo el camino con lo que no tenían, hasta chocar frente a frente con la policía de migración fronteriza federal. Y, a partir de ese instante, dar muchísimos tumbos hasta terminar sus vidas en las aceras de un refugio para inmigrantes; un depósito para los individuos no deseados por este país.

Este país, América, que tiene una Estatua de la Libertad en la entrada de la Isla de Manhattan y que se ha hecho capa tras capa de gentes venidas de todos los rincones del mundo.

Y, ¿saben qué?, a muchos de quienes vivimos al menos aquí, tampoco es que nos importe especialmente la suerte que corrieron esos venezolanos que entraron a Estados Unidos a última hora. Esos que empezaron a llegar a América a pie. ¿Por qué? Pues porque los relacionamos con la «generación Chávez». Los últimos en decidir irse, sin siquiera hacer el esfuerzo de apagar tampoco la luz, como decimos allá en Venezuela.

Seamos honestos: venezolano que entró a Estados Unidos caminando, a través de las tenebrosas fronteras por donde han pasado tantos cientos de miles de salvadoreños, nicaragüenses, hondureños o mexicanos, por solo mencionar un puñado de nacionalidades, son pobres y de los barrios de Venezuela. Y, las más de las veces, tenemos la sospecha de que la gran mayoría de ellos vienen con malas mañas. Las mañas que les terminaron de ajustar Chávez y sus rufianes. Chávez y su educación de mala muerte. Chávez y sus bolsas de comidas regaladas, mientras él y sus pillos saqueaban al país. Chávez y sus universidades ridículas, solo para poner a robar a sus militares y dar doctorados a sus secuaces.

Lamentablemente le cargamos al pobre que llegó como pudo a América sin visa, sin pasaporte y con una sola muda de ropa en su morralito tricolor, todas las culpas de un sistema criminal, inepto y constructor de hombres y mujeres incompetentes que se formó día a día por casi 25 años.

Yo creo que nosotros, quienes ya estamos aquí y llevamos añales haciendo a América, debemos hacer un esfuerzo importante para cambiarnos el suiche.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba