CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Mi estimado escritor Mario Vargas Llosa

Quien sale a dar la cara por los venezolanos víctimas de los atropellos por parte del gobierno de Perú es el mismísimo Mario Varga Llosa.

Con un par de bolas de peruano decente, el premio Nobel le mete una “pela” a sus propios paisanos. Los llama indios miserables y malagradecidos. Conste: no lo digo yo. Lo dice el propio Vargas Llosa, que los conoce, y muy bien.

Los cachetea, en un intento de hacerles recuperar la memoria histórica reciente. Les recuerda de las calamidades que muchos de ellos tuvieron que pasar para llegar a la Venezuela de los años 80, esa que les rescató de sus miserias.

Que Perú ni es, ni nunca ha sido una Suiza o una Finlandia. Que allá el hambre también empujó por crecidas a un pueblo que, al igual que el venezolano, le tocó escapar de dictadores, malos gobiernos, peores tratos, persecuciones políticas y una existencia de mierda que por décadas se le impuso como forma de vida forzada a la gente común y corriente de ese país.

¿Quiénes de mi generación no llevaron sus carros a que lod arreglaran los mecánicos o latoneros peruanos, indocumentados para más señas, en sus talleres regados por todo nuestro país? ¿O quiénes mandaron a reparar sus lavadoras o a fabricar los muebles de la sala y de la cocina a un combo de peruanos establecidos y viviendo bien en Venezuela?

Bien raro el peruano que llegara por tierra hasta la Venezuela Saudita, y se metiera en el monte a sembrar papas o a criar cochinos en nuestro país. La gran mayoría se sembró, pero en nuestras ciudades. Ocupaban nuestros barrios, se robaban la electricidad de los postes, el agua. Sus hijos recibieron la Beca Escolar, estudiaron en liceos y universidades gratuitas.

Sus mujeres parieron en nuestros hospitales, lo mismo que cuando se enfermaban los socorría, cuando teníamos, la salud pública.

Y ahora el gobierno peruano les monta cacería en un juego de la Vinotinto, para atrapar a los venezolanos sin papeles que están en ese país como si fueran ratones. Con toda seguridad venezolanos indocumentados. Venezolanos caminantes que terminaron trabajando de lo que sea en Lima, en Cuzco y hasta en Machu Pichu. ¡Ridículos!

¿Qué culpa tienen las mujeres venezolanas por ser tan lindas y picantes? ¿Los peruanos no dicen practicar la “libre competencia”? Pues que se aguanten las comparaciones entre las cholitas de ellos con las bellezas venezolanas. La velocidad de nuestros muchachos de los barrios todoterreno de Venezuela, contra aquellos que sean más quedaos y tontos de allá.

Ahora les toca a ellos aguantar lo que nosotros como país nos calamos hace apenas una generación con ellos, con los bolivianos, con los ecuatorianos, con los chilenos y con los colombianos que teníamos por toda Venezuela viviendo entre nosotros.

Fíjense: en esa licuadora de gente de todos lados que tuvimos en Venezuela, nos tocó la peor parte. Hasta nos quedamos con el indocumentado de Nicolás Maduro, y ahí lo tenemos, más pegado que una garrapata, destrozando a todo nuestro país.

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