Opinión

Mis honores a los respetables y admirados abogados

Gilberto Mayorca / Venezuela RED Informativa.us

Son la sede intelectual de la justicia, la honestidad y la probidad que engalanan su estirpe de paladines del deber, constituyen el abrigo valeroso de las leyes soberanas que hacen marco a la virtud de servir.

El digno ámbito del honor profundo y evocador, egregios letrados de conspicua vocación, los acoge con las dilatadas y reconocidas glorias que los hacen tan admirables.

Vuestra presencia es solemne, hacedores de justicia, siempre reflejan la visión mirifica por noble y sagrada de quienes observan el derecho que inspiró a los maravillosos jurisconsultos de la antigüedad y que sigue habitando el corazón de quienes creen que la justicia es el numen que conduce a expresar la verdad y el orden moral como soporte inmaculado del fuero republicano.

Hacemos memoria oportuna a las beldades jurídicas de eminencias como Publio Juvencio Celso que afirmó: » Ius est ars boni et aequi; Domicio Ulpiano por su Derecho Civil, su Digesto, su trilogía rectora Honeste vivere, Alterum non laedere y Suum cuique tribuere; Emilio Papiniano, «el Príncipe de los Jurisconsultos», el mayor genio jurídico de Roma, el «Asilo de la Justicia y Tesorero de las Leyes», tan venerado que, en la antigüedad, a los estudiantes de derecho avanzado se les llamaba «papinianistas»; Justiniano con su creación del Corpus Iuris Civilis, la más monumental obra de la antigüedad romana, recopiló, organizó y preservó todo el derecho romano que existia, para que la posteridad redactara la legislación de los estados modernos del mundo occidental.

He allí solo algunos de los más sólidos y magníficos pilares sobre los cuales se elevó la más virtuosa y extraordinaria construcción intelectual de la humanidad.

Pero la tan magnanima historia de las celebridades del «camino recto» que describió Giorgio Del Vecchio nutrido de tan ingente sapiencia, no fue suficiente para la justicia que reclama la verdad.

Luego de El Foro y el Comitium se crearon, cortes internacionales, tribunales, organismos multilaterales y constituciones, leyes y más con la esperanza de que el derecho se convirtiera en el verdadero y certero derrotero de los hombres, pero las inequidades y egoismos hicieron guerras y toda clase de oprobios y desafueros de espaldas a las normas y todo lo destruyeron, ¡ay diosas del olimpo!, vuestro legado periclita por indigencia de todo orden.

No obstante seguiremos, declaramos apodíctica la uberrima virtud de la norma jurídica porque vale la pena seguir creyendo en el tan excelso ideal del derecho, porque es noble ante la Providencia.

Dr. Abg. Gilberto Mayorca

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