El Fogón de la Editora

¡MISERIA!

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

¡Hasta los suyos se le están volteando a Nicolás Maduro! Es que el hambre no se resuelve con banderitas, pancartas y discursos idiotas. El hambre duele en el estómago, el hambre duele en el corazón de una madre venezolana humilde, cuando se vuelve como loca oyendo a su bebé llorar porque no ha comido en todo el día.

¡Harina Pan revuelta con Frescolita no es tetero! Eso es lo que están comiendo muchísimos niñitos en nuestra tierra; cada vez más y más barrigones y deformados por la falta de proteínas.

Hasta ese sótano de horror es que han llevado estos malvados a un país bonito. Venezuela, hoy por hoy, está africanizada. Y, mientras, todos esos pillos viven como reyes, robando, cogiéndose todo lo que es del país, todo lo que no es de ellos, y pretenden tratarnos como si fuésemos tontos, como un pueblo de mentecatos que no se da cuenta cómo están haciendo todo lo que hacen.

No es nada un cestatiket de 30 dólares. Con eso no cubre ni las fallas ninguna familia en Venezuela; mucho menos puede comer por un mes. Ni tampoco da para comprar remedios, ni echar gasolina de la mala para mover al carrito, ya chatarra, que dejaron los hijos o los primos cuando huyeron de Venezuela. Precisamente por esas razones: ¡por miseria, hambre y Maduro!

La HAMPOCRACIA volvió a burlarse del pueblo el Primero de Mayo. Además, los pensionados y jubilados del país definitivamente no existen. A partir de los 55 años las mujeres y de los 60 años los hombres, en Venezuela los mayores no comemos, no pagamos todo lo que compramos en dólares y no vamos al médico.

¡Maduro: como se ve que no eres venezolano! No tienes ni un poquito de los valores de amor y cuidado a los mayores que forman parte del pensamiento colectivo de la venezolanidad de siempre. ¡Miserables!

Borran a casi 6 millones de pensionados y jubilados en el país, empujándolos a lo que ustedes llaman “reinventarse”. Los empaquetan en una especie de “vida contemplativa” o los tratan de llevar a la caza, la pesca y la recolección. ¡Hay un Dios allá arriba, tanta maldad se paga!

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