Naturaleza del todo: Déjenme llorar, que el alma se está bañando

Gilberto Mayorca Yánez / Venezuela RED Informativa.us
Cuánta fantasía, poesía, literatura y hasta chistes, se han hecho del llanto o por el llanto o llorando.
El llanto, no es nada de lo referido antes, es fisiología del alma, ja, ja, bueno eso siento.
No hagas conjeturas científicas, que yo tengo permiso de Sócrates para decir lo que quiera, según el verdadero relato que originó la falsa frase, » yo solo se que no se nada», que cuento de seguido, él se comparó con otras personas que se creían que todo lo sabían, dijo entonces, que él, al no saber, al menos era consciente de su ignorancia.
La frase completa, según el contexto, era que el otro creía saber sin saber, mientras que él, que igualmente no sabía, creía saber algo. La idea es que la verdadera sabiduría comienza con el reconocimiento de la propia ignorancia. Por eso tengo el permiso de acuñar la «fisiología del alma» como metáfora ontológica de lo filosófico, no de lo científico, que se refiere a la vida material y tangible, no al ámbito espiritual o inmaterial, donde desanda gozosa mi locura, «Enderezando tuertos»
Llorar, es tan sanador como un baño, por eso mi frase, porque el llanto surge de la necesidad de limpiar lo que obstaculiza la inspiración del vuelo astral del alma.
El llanto, es una necesaria y curativa respuesta emocional, cómo será de oportuna, que súbitamente se produce una efusión y profusión de lágrimas que hasta nos ahoga, porque los pulmones ni sabían lo que venía.
Mientras lloro, se aumenta el flujo sanguíneo al cerebro para que libere endorfinas y oxitocinas que alivian lo que entristece el alma y también aumenta la frecuencia respiratoria para que podamos hacer pucheros, ja, ja, no, para oxigenar el cerebro que ya sabes en lo que anda produciendo.
En conclusión, al hombre que le dijeron que no podía llorar, es quien más debe hacerlo con sus respectivos mocos.
¿Por qué?, porque somos seres fisiológicamente diseñados para resolver el drama existencial en el ámbito ontológico, que inicia el sistema simpático con el proceso mecánico de liberación del alma atrapada en emociones mundanas, hasta que el parasimpático restituye la calma.
«Así son las cosas».
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