LAS LISTAS TASCÓN Y MAISANTA HECHAS AL ESTILO GESTAPO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
¡Por favor: Chávez nunca fue un demócrata! Pero si su plan era “arráncale la cabeza a Pérez” la noche del golpe. El fracaso de la asonada, la cárcel, la Cuarta República que se había convertido en un desastre y como guinda su padrino Rafael Caldera que lo dejó en libertad como a un zamuro, le volteo la tortilla a Venezuela.
En un país con una fuerte adicción al voto, Chávez sabía que tenía que montar un sistema electoral que lo mantuviera en el poder por las buenas o por las malas, fingiendo ser un demócrata. Para todo demás usó como le dio la gana el dinero del petróleo y el desorden del país.
Pero, para el año 2003 Chávez y sus ladrones estaban agotados; puestos en evidencia. Solo discursos, solo dádivas: basura. Su propia creación se transformó en un arma en su contra. Con una Constitución que podía servir para algo más que para cambiar el nombre a los poderes, su número de integrantes y varias boberías más, todo podía pasar. La Constitución de 1999 vino con el dispositivo del Revocatorio. Con ese mecanismo, la cabeza de Chávez estaba en juego.
Así pues que, después de matar al tigre, Chávez le cogió miedo al tigre, incluso muerto. Chávez siempre fue un miserable cobarde. Si no, que le pregunten a María Isabel por las golpizas que le propinó un montón de veces.
El referéndum revocatorio requería del 15% de las firmas del padrón electoral para ser activado. Y en menos de 48 horas los venezolanos se quedaron sin tinta en sus bolígrafos, quedó muchísima gente con las ganas de firmar. Entonces el inefable Jorge Rodríguez, por instrucciones de su jefe, se inventó que las firmas eran planas, sacadas al carbón, que no servían. Que no era posible que tanta gente adversara al presidente y pensara en revocarlo.
Y entonces, mientras el CNE revisaba una por una todas las firmas de todos los venezolanos que no querían saber ni volver a oír ni de Chávez ni de sus patrañas, el próximo dictador de Venezuela soltó una de las suyas. “Maldito -dijo- aquel que adverse la revolución bolivariana firmando en contra de Hugo Chávez para someterme a un Referéndum Revocatorio”.
Nadie pensó que de la amenaza de bravucón la cosa iba a pasar. Pero el país otra vez se equivocó. Un diputado de su partido, Luis Tascón, montó una lista en formato electrónico y de paso muy “amigable” en su uso con todos los nombres, apellidos, cedulas y direcciones de todos aquellos que firmamos la solicitud para activar el referéndum para revocar al presidente Chávez.
Ese acto al estilo de la Gestapo nazi fue seguido por el muy arrastrado diputado de Podemos Ismael García, que también urgió otra lista de persecución política, la cual llamó Lista Maisanta.
Ambas listas se convirtieron y se utilizaron por años seguidos como un instrumento de exclusión y persecución en todo el país. Si algún docente había tomado la decisión de firmar y tenía la desgracia de dar clases en alguna universidad del estado, te botaban. O algún individuo contratista o proveedor del gobierno había firmado, te quitaban el trabajo y ni te pagaban lo que te debían. O si era el caso que aspirabas a adquirir un crédito en la banca del estado, pues no te lo daban. ¡Todo te era negado! Así, facilito: ¡porque habías firmado en contra del presidente en un acto constitucional y totalmente legal!
Como en todo lo malo: ¡Chávez hizo cumplir su maldición!
Hoy me rio cuando veo a la gente marchando por el mes del orgullo gay, impulsados y protegidos por un régimen falso e hipócrita. Porque hablamos de los mismos animales que hace 20 años llevaron a cabo la cacería de brujas más infame que ocurrió en Venezuela, sobre ciudadanos cuyo único delito consistió en querer salir de Chávez, del chavismo y todo este enredo democráticamente.
Las listas Tascón y Maisanta son la verdadera expresión de la democracia y de las libertades, como las entienden y practican estos sinvergüenzas. Ambas típicamente «Hechas en Revolución». ¡Y ellos nunca cambian, más bien empeoran!



