El Fogón de la Editora

MOTORIZADOS, SÍ SE PUEDE

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Claro que en Venezuela hay una potente sociedad civil. Fuerte y poderosa, los motorizados del país se le rebelaron al régimen y lo obligaron a echar «patrás».

Ahí está, justamente, una parte de la sociedad civil venezolana vivita y coleando. Resulta que una de las poquísimas actividades que todavía pueden desempeñar aquellos venezolanos que tengan una moto, un casco y un huacal pegado al asiento de atrás es el de llevar comida, sobre todo, y cualquier encomienda a cualquier lado bajo la figura del delivery. Una forma decente y digna de ganarse la vida en tiempos de poquísimos empleos.

Y si llega la pizza o el arroz chino a tiempo a la mesa del cliente, siempre existe la posibilidad adicional de que el motorizado reciba una propina adicional al ingreso que da el comercio por llevar las cosas.

Entonces salen los hampones bolivarianos de siempre y se inventan un tal registro para mandaderos, cuyo costo supera los 300 dólares para que cada uno continue haciendo lo que tiene tiempo haciendo. Ah, y de paso, como para burlarse de todo el mundo, los muérganos del gobierno exigen que dicho registro y pago se lleve a cabo por las oficinas y las cuentas de IPOSTEL.

¿Alguien se acuerda de IPOSTEL? Pues aquella organización que por décadas y décadas fue el cartero de Venezuela. Y que como todo aquello que tocan estos bichos, también la acabaron.

O sea, un estado que ni siquiera cuenta con un sistema de correos público elemental, de pronto le da por utilizar a la vieja infraestructura que ellos mismos hicieron trizas, para extorsionar a cientos de miles de hombres y mujeres que ahora son el correo en Venezuela.

Pues el régimen, vestidito y estrujándose las manos por la “feliz” realización de otro “golpe” de hampones no va.

Los motorizados en Caracas, y en varias ciudades del interior, trancaron avenidas, se pusieron rudos e hicieron revertir la medida. Así, facilito. ¿Un gremio de los motorizados guapo? Claro. Y dígame usted, ¿qué venezolano no lo es? ¡Claro que se puede!

¡Estos delincuentes del siglo XXI no están incrustados de por vida en el país, a menos que la nación decida y actúe en concordancia, para obligarlos y hasta para sacarlos!

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