CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Patriotas con el mazo dando

Todos, todos los venezolanos de buena fe, nos tenemos que ver como Patriotas en estos tiempos que corren.

Porque Venezuela ni necesita, ni quiere mucho más de lo mismo. Ni más análisis de la situación nacional, ni más explicaciones del desastre-país, ni más promesas solo para ser cumplidas en un perfecto y muy bonito futuro democrático y electoral que nadie puede garantizar.

Las Academias de la Economía y de las Ciencias, y de las diversas Facultades de Economía de todas las universidades, los colegios de profesionales, los investigadores sociales no pueden seguir haciendo el papel de científicos pasivos, mirando a través de un microscopio a Venezuela, como si se tratara de un experimento equivocado de química de quinto año que aún no ha terminado de echarse a perder. ¡Déjense de bromas!

El país se está derritiendo desde hace muchos años por culpa de una miseria diseñada, pensada y ejecutada por un régimen malvado que baila en dólares, producto de todos los recursos que cada día se roba y no le da cuenta alguna a los venezolanos.

Sí, como no: a Venezuela hay que repensarla. En esto estoy de acuerdo: ¡Claro que sí! Pero a la gente, a los venezolanos, hay que salvarlos de este desastre en que están metidos hasta los hombros. ¡Ahora, en tiempo real, no cuando las ratas del siglo XXI decidan abandonar el poder, y lleguen los nuevos salvadores a pegar los pedazos sueltos de lo que fue una vez un gran país!

¡Esto, Venezuela, es para Ya! Se nos desangra, se nos derrama el país y, o solo nos llenamos de fe y buenos propósitos e ideas estupendas como si el país fuera Suiza; pero no tratamos de mejorar la calidad de vida de la gente. Como si la gente, nuestra gente, no estuviese pasando las de Caín día a día, hoy y todos los días de Dios.

Muchos, muchísimos de los políticos de turno, los grandes pensadores, los opositores y gente de la Resistencia tienen con qué aguantar; con que esperar a que las cosas cambien a punta de votos, o de lo que tenga que suceder allá en Venezuela. ¡Muchos, muchísimos, tienen con qué! Perfecto, los felicito. ¡Bendito sea Dios! Y ganan todos en dólares.

Pero el país grandote, el de las grandes mayorías, tanto el de los que estamos afuera, pero mucho más aún el de aquellos a los que les toca vivir metidos adentro, no tiene la misma buena suerte. El venezolano de a pie que queda en el país no cuenta ni para los tres golpes, ni para las medicinas, ni tampoco para cubrir los elementos más vitales de soporte de vida con lo que gana o recibe por pensión todos los meses.

Yo, Pablo Medina, siento que Venezuela es víctima de un profundo desprecio por parte de quienes tienen cómo aguantar esta tremenda pela. Porque tienen dinero o plantas eléctricas con que alumbrarse durante los apagones diarios producto de un régimen ladrón e inepto, o tienen trabajos dignos y bien remunerados, acordes con lo que cada uno ha estudiado. ¡Chévere, muy bien!

Pero, insisto, ¿y las grandes mayorías de venezolanos que cada vez cuentan con menos para vivir? Esa mayorías que miran como los enchufados, la gente de un régimen eterno, la pasa requetebién mientras que ellos tienen que vivir entre el miedo, las tremendas restricciones y la falta de un futuro mejor. Por eso la única agenda electoral, la única agenda pública, de candidatas y de calle no puede ser otra que la dolarización de los sueldos y pensiones en el país. Después, con la barriguita ya medio llena, se podrá pensar en las otras cosas. ¡Pero primero la gente, vale!

Está difícil, pero hay que lograrlo. Insisto: ¡en tiempos extraordinarios hay que llevar a cabo acciones extraordinarias! Lo primero es lograr sacar al venezolano de la pobreza criminal a la que ha sido condenado por esta gente. Hay que derrotar la miseria en que vive nuestro pueblo, a través de la exigencia, de dar la pelea en todos los escenarios que se consigan, para lograr la dolarización de los sueldos y pensiones de los venezolanos.

Ese sí es el primer paso. Eso sí significa, en serio, poner los caballos delante de la carreta.

No se puede, no se debe, es inmoral, seguir despreciando las necesidades de quienes tanto, pero tanto, están padeciendo allá y ahora.

Yo pienso que es posible crear un tremendo Pacto de Acero entre la actual oposición que quiere diferenciarse de la que ha sido complaciente y compinche con el régimen de Miraflores, y las grandes mayorías de un país que ha perdido la fe.

¡Doblarle el brazo al régimen en este terreno, es llevarlo derrotado a cualquier tipo de elección! ¡Pero hay que montarse en serio!

Por eso: ¡Dios, Venezuela Libre y Cese de la Ocupación!

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