CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Primero la gente

¡Por favor! Ésta es otra de esas discusiones que parecen mandadas a tener porque le conviene al régimen.

¿Qué-qué vamos a hacer con la PDVSA del «Día después» para que no vuelva a ocurrir el show de los tobos llenos de dólares? ¿Será que también ustedes se están creyendo que los venezolanos somos idiotas, menos, o tarados? ¿Pero es que Calderón Berti y María Corina, siguen viviendo en Plutón y solo bajan a Venezuela de paseo?

Por favor, amigos: no sigan poniéndole la bola cada vez más y más lejos del mingo.

PDVSA es una corporación que, desde que terminó el paro petrolero en 2003, está desbaratada y en vías de extinción. Por eso ustedes están tratando de entretener al país sobre el destino final de cientos de miles de toneladas de hierros y tubos viejos; de chatarra.

Otra vez: PDVSA no es ni el problema ni tampoco la solución de Venezuela.

Todos hemos visto como un puñado de terroristas de Irán se han hecho con dos refinerías en el país; mientras que CHEVRON, en solo un dos por tres, se dedica a llevar a cabo todas las operaciones que una vez realizó PDVSA para todos los venezolanos. Ahora, en cambio, esas mismas actividades solo funcionan para llenarles aún más los bolsillos a los ladrones del régimen.

Individuos de la calaña de Rafael Ramírez, Chávez y el resto de sus rufianes, lograron hacer desaparecer en tiempo récord una empresa de las 100 de Fortune. Si para algo resultaron ser “buenos”, fue para ser malos.

Calderón, María Corina: allá, en Venezuela, el asunto de este momento, en este preciso instante, no es imaginar, ni dedicarle neuronas a pensar en cómo es que vamos a administrar la riqueza que se encuentra escondida en nuestro subsuelo. Que si PDVSA privatizada o en manos del estado, cómo vamos a manejar el océano de hidrocarburo sobre el que flota nuestro país para darle uso como un Plan Marshall de la Arepa y reconstruir a Venezuela.

Pero ahora, allá y en este momento, el asunto es de vida o muerte, es tratar de aportar soluciones que sean inmediatas y posibles para que sobreviva nuestra gente.

Cómo hacemos para que los trabajadores reciban sus salarios y pensiones en dólares indexados; y que no mueran de hambre o tengan que huir del país en el intento. Cómo sacamos a los presos políticos de las espantosas tumbas en que están enterrados. Cómo recuperamos, pero ya, los niveles de caída de consumo de proteínas en nuestros niños o esperamos a que lleguen a adultos como débiles mentales.

Amigos, espabílense: los venezolanos no pueden seguir viviendo en la pantalla de una computadora que pretende definir al país que, de paso, todavía está por verse.

Empujen para donde es: aprieten las tuercas, adentro y afuera, para evitar que se extinga lo mejor y lo único irremplazable con que cuenta Venezuela, su gente. Amigos, ¡no sean más de lo mismo!

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