CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Sacarlos de raíz

Mientras los rufianes del siglo XXI piensan en huir, una buena parte de Venezuela lleva tiempo pensando en la propuesta de fondo del cómo debería funcionar el país del futuro, del Día Después.

Porque a nadie, a ningún venezolano de verdad-verdad y en su sano juicio, se le puede ocurrir con toda seriedad que una vez que la nación se deshaga de la plaga del siglo XXI, quede de chavismo como una infección latente dentro del espacio político opositor.

Antes, durante y mayormente en estos tiempos, todo lo que suene a enchufado, chavismo o socialismo del siglo XXI continúa mostrando su verdadero y auténtico rostro.

Gánsteres, pranes, una pandilla de rufianes disfrazados de gobierno con el único propósito de robarse todo lo que pueda estar a su alcance. ¡Plaga!

Eso no es ni un partido, ni un movimiento, ni nada que se pueda asemejar con algo político. Ellos solo han sido, son, y siempre serán, unos pillos asociados para delinquir, matar y robar a todo un país. ¡Que nadie se cuentee!

No existe aquello del madurismo sin Maduro. Ahí la única propuesta que podría existir es un quítate tú pa’ ponerme yo y continuar con la producción de drogas desde el estado. O la increíble incapacidad, más allá de lo discursivo, de llevar a cabo cualquier, cualquier tipo, de políticas públicas que sean para beneficio de la sociedad venezolana en su conjunto.

Lo mismo que chavismo sin Chávez. Como tampoco puede tener ninguna lógica interna de un kirchnerismo sin Cristina, ni un castrismo sin Pérez-Canel. Solo son nombres de muy mal recuerdo. Etiquetas cuyo único y exclusivo producto social y político es repetir las mismas atrocidades que llevó a cabo el dueño de la franquicia original.

¿Por que?, ¿saben? Porque detrás de todos esos nombres y supuestos líderes no existe nada bueno, nada útil, nada sano que ninguna sociedad desee recordar… Son bandas de pillos rebautizadas con el nombre de su fundador; pero tan vacías y tan sin sombras que solo pueden ser motivos de malos recuerdos, asesinatos, tráfico de drogas y mucha, muchísima, miseria nacional.

Con esa gente, con todos esos “ismos” refritos que muy pronto querrán imponer en el juego democrático venezolano que se avecina, hay que ser rudos y vengativos: ¡prohibirlos taxativamente!

Porque esos grupos de hampones, que se enquistaron en el poder de nuestro país, solo pueden mostrar 26 años de daño nacional ininterrumpidos. Y entre gente tan, pero tan dañada, es paja que se pueda creer en una rehabilitación sincera ¡Eso es mentira!

Si se les vuelve a dar la oportunidad política, volverían a hacer otra vez lo mismo con el país y con su gente. Eso está más que demostrado a lo largo de tantos años. Pues detrás de ellos no hay nada, realmente nada que le pueda ni servir ni valer ni en un poquito la pena al sacarlos de raíz.

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