CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

¡Mátense, carajo!

Mientras que en este gran país mañana se celebran las elecciones presidenciales, Maduro y sus pillos dicen celebrar en Venezuela tres “maravillosos” meses desde el triunfo de la paz. Es decir: a tres meses del más colosal fraude electoral que se haya perpetrado y FRACASADO en Venezuela o cualquier otro país del Hemisferio Occidental, el régimen continúa intentando tapar el cielo con un dedo y además tullido y carcomido por el cáncer.

Con unas mamaderas de gallo como instituciones, Venezuela pasó a partir del 28 de julio a modo abierto y descarado de dictadura; a modo descarado y abierto de HAMPOCRACIA, una raya más para ese tigre hediondo.

Digo: para aquellos que insisten en no tener clarito cómo es que “opera” el régimen que controla a mi país.

Y así, para tratar de darle una manita, muy aguada por cierto, de pintura de gente seria a una Venezuela de chiste, hasta Diosdado Cabello dice estar en campaña en contra de la corrupción. Justamente el cáncer que se está devorando las entrañas de aquel régimen de malandros y hampones que ya no haya cómo sacar a unos cuantos para quedarse solo, solito, un puñado robando en exclusiva. Y, de paso, hacer el espectáculo con los menos visibles de la robadera.

Y en esa caen desde los pajaritos de la eterna PDVSA hasta los alcaldes de la oposición, evidentemente atrapados con las manos en la masa.

Porque, dejémonos de pendejadas., en la Venezuela del siglo XXI, “donde comen los enfermos, también comen los alentados”, como dicen los viejos de mi pueblo, allá en El Tocuyo, antigua capital de Venezuela.

El «todo solo pa’ mí” le está saliendo carísimo a Maduro, Diosdado, Padrino y los Rodríguez. Aparte de la Resistencia venezolana, que está dispuesta a llevar a cabo lo que sea para salir de él y de sus secuaces, ahora tiene que sumar a un gentío de su propio chiquero. Cientos de rufianes que hasta hace muy poco tiempo eras miembros “distinguidos” de la mismas bandas de delincuentes de estado, ahora están siendo
vejados y puestos presos por unas mafias hipócritas que los están dejando más solos que a la una.

De paso riquísimos, con muchísimo poder dentro y fuera del país; y con el odio que nunca perdona del malandro excluido de la cuerdita de la que formó parte toda su vida, pero que un buen día lo dejó por fuera.

Lo mismo que hizo Fidel Castro con sus militares narcotraficantes y operadores, que los exclusivos como el Pablo Escobar de Colombia en los años 90, los usó como chivos expiatorios.

El régimen cubano, en un intento inútil de lavarse la cara del hecho de haber convertido a la isla en un descomunal portaviones de drogas con destino a Estados Unidos y Europa, producidas por el Cartel de Medellín, le echó la culpa a una docena de altas y medias jerarquías militares y los fusiló. ¡Igualito! ¡Caballeros: eso también se paga!

Menos mal que esas cuentas son entre ellos y a Venezuela, al país decente, le favorecen, ¡mátense, carajo!

¡Mientras más duro se den y más se destrocen entre ellos, a Venezuela le tiene que ir mejor!

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