SOLO TENEMOS A DIOS PARA HACER LA DENUNCIA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
Mientras el 60% de las familias en Venezuela sobrevivan con tan solo 200 dólares mensuales, frente a una canasta básica que pasa de los 500 dólares, todas las desgracias seguirán cebadas sobre nuestro país.
¡Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis están enchufados con el régimen! Las informaciones que nos llegan a esta redacción nos ponen los pelos de punta. Claro que sabíamos de estas atrocidades, el asunto es que el lujo de detalles con que nos informan del atroz negocio con seres humanos, con niños y niñas venezolanos puestos en alquiler para ejercer la mendicidad en las calles de algunas ciudades de Colombia nos espanta.
Seguramente es una práctica vieja, miserable, ruin e imperdonable, pero con toda seguridad lleva años andando. Solo que ahora, y más que nunca, seguramente, le ponemos a las víctimas caritas infantiles de venezolanos escapados por el hambre que produce el régimen que ha destruido a Venezuela.
Otro de los logros de aquella desdichada dizque revolución de los delincuentes del siglo XXI, muestra una nueva capa de cebolla echada a perder. Padres venezolanos que, en Colombia, alquilan a sus hijitos a mafias dedicadas a la mendicidad corporativa como negocio.
Ganancias de malvivientes que rentan por horas a muchachitos para dedicarlos a pedir limosnas, con el cuento de ser venezolanos en desgracias que la están pasando verdes fuera de su país. Y los facinerosos que los manejan desde luego que no piden ni ropa, ni juguetes, ni mucho menos comida; solo buscan plata, nada más que dinero.
Nuestros colaboradores en Cúcuta, Medellín y Bogotá nos han alertado también de otro perverso negocio asociado a este otro que está en pleno crecimiento. Se trata del comercio de órganos humanos. Algo tan espantoso que es imposible que una lo describa sin perder la serenidad.
Está ocurriendo, y está pasando en la población errante de venezolanos que andan dando tumbos en Colombia. Venezolanos arrastrados por el hambre, el desempleo y la desaparición del estado petrolero; que ya no es más que un enorme negocio controlado por unos pocos rufianes.
¿A quién le reclamamos por todas estas desgracias que le están ocurriendo a nuestra gente por culpa de estos sinvergüenzas? ¿A la ONU? ¿A la UNICEF? ¿A la Fiscalía Colombiana? ¿A quién?
Pareciera que solo tenemos a Dios para hacer la denuncia, suplicarle que cese esta desgracia y que los responsables directos e indirectos de estos abominables crímenes reciban su castigo.



