CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Vamos por buen camino

Cuando Maduro le manda a decir a María Corina que él no tiene nada que negociar con ella. Que es ella quien debe entenderse con la parodia de fiscal general que él tiene de payaso, Nicolás confirma la tesis mundial: ¡el caliche sigue desenfocado!

Estemos muy claros: nadie se puede entender con el poeta barbudo de la revolución, a menos que vaya al mismo gimnasio o se pinte con su mismo tatuador. El exgobernador de Anzoátegui lleva años dedicado casi que en exclusiva al rentable negocio del chantaje judicial, la extorsión con sus fiscales, a hacer lo que le digan que haga desde Miraflores y, desde luego, a prestar toda la colaboración que sea capaz de dar en todo aquello que signifique hacerle la vida imposible a todos los venezolanos. ¡De manera que con “eso” y con nada es lo mismo!

Luego, cuando Maduro dice que no tiene que negociar con María Corina ni con los apellidotes de más del 70% del padrón electoral de Venezuela que hicieron a Edmundo presidente electo por todos los venezolanos, es porque Maduro cada día que pasa tiene más y más asuntos que negociar con María Corina Machado y con la Venezuela demócrata.

Total que, a la cubana de siempre insultar, decir estupideces e intentar meter la cabeza debajo de la tierra, como el avestruz, a ver si cuando la saque ya todo se le arregló por arte de magia negra. Y muy en particular, mucho antes del 10 de enero, que tiene el límite «legalito» «constitucional» de su salida junto con la de todos sus rufianes del poder.

Porque aquello del “baño de sangre” que tanto asustó a Lula, se quedó en refrito de las imbecilidades mandadas a decir por sus “asesores” cubanos, quienes se quedaron pegaos todavía en la era de su intervención en Angola.

En Venezuela no va a haber ningún baño de sangre; a menos que MCM y Edmundo cambien de opinión. Y esa locura ellos, evidentemente, no la van a cometer. No estamos en presencia de un nuevo Juan Guaidó. Ese triste cretino, junto con su camarita de amigos del régimen, es solo una fea historia que quedó muy atrás.

Alla, en Venezuela, ya no hay más pruebitas de amor, ni demostraciones innecesarias de masas dando vueltas alrededor de un palo, sin objetivo ni dirección política. La demostración más contundente posible consistió en barrer, usando las mismas chuecas reglas electorales impuestas por el régimen, al colombiano y a todo aquello que él representa en unos porcentajes innegociables e inocultables de votos no negociados en esta oportunidad.

Tampoco me queda ninguna duda al respecto del tiempo que va a llevar la salida definitiva de esos rufianes del poder. No será inmediatamente, pero esta vez sí será.

Pero de algo sí estoy completamente claro. Las elecciones del 28 de Julio no fueron el fin de esos bandidos. Cierto. Pero en esta oportunidad, luego de casi tres décadas de pimponeo, acabamos de presenciar el inicio del fin de esos hampones en Venezuela.

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