CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Venezolanos, busquemos calidad de vida

Ni dentro ni fuera de Venezuela alguien puede seguir pidiéndole al pueblo que salga a matarse en las calles con el régimen, para que recuperemos todos las libertades políticas e individuales secuestradas por las cucarachas del siglo XXI.

Nadie, pero nadie, puede tener la poca vergüenza de exigirle más sacrificios, más persecuciones, más torturas, más desapariciones de estado a una nación que vive en el umbral, como país, de la pobreza crítica.

Mientras que al venezolano se le acabaron los huecos para “ajustarse” el cinturón, sean quienes sean, no pueden exigirle a la nación encerrada entre los muros del país del siglo XXI, que se eche a las calles para sacar a patadas a los rufianes que controlan totalmente todo lo que ocurre, pasa o sucede en el país y que están comodísimos dándose la gran vida en Miraflores.

¡La gente se cansó! Los políticos pasados al inventario del archivo muerto de un país, literalmente, muerto de hambre. La clase política de una Venezuela donde las grandes mayorías han sido empujadas a la ruina, no puede conformarse solo con sintonizarse con el pueblo para sacar al régimen. Esa dirigencia se mantiene sin pensar, ni en un poquito, en que la gente de allá no recibe ni salarios, ni pensiones suficientes con que adquirir lo más mínimo para sobrevivir.

La pelea es peleando, claro que sí; pero la pelea es en contra del hambre, de la pobreza y de la falta de todo lo que el venezolano necesita y merece, y que hace años no tiene.

Empresarios, superenchufados o menos enchufados, han demostrado ser completamente indiferentes a las necesidades más elementales de los trabajadores y de los pensionados en Venezuela.

Pues entonces también ellos son parte del problema; no solo el régimen de hampones con el cual la gran mayoría de esos empresarios sin escrúpulos están asociados y/o enchufados, para hacer también lo que les venga en gana con el país y con su pobre gente completamente indefensa.

Venezuela tiene que emerger, salir y finalmente excluirse de tanto plan secreto y del corito «Hasta el final», que no tiene final y que se negaron a ponerle punto final, por lo que la gente a dedicarse, en cuerpo y calle, a recuperar sus condiciones básicas de vida digna.

La pelea es peleando, claro que sí. Pero es por la responsabilidad de quienes sean en reparar la seguridad social del venezolano. Que los sueldos, los salarios y las pensiones de los jubilados sean cancelados en dólares. Que los servicios básicos vuelvan a ser básicos y funcionen para todos, no solo para unos poquitos. Recuerden el mes de enero de 2023, que comenzó con una lucha salarial a fondo hábilmente sustituida por unas Primarias en las que ningún candidato habló de salarios entonces.

Ni en la colonia la nación venezolana ha tenido que vivir sufriendo unas asimetrías tan groseras, entre unos pocos que tienen de todo y los muchos que cada vez cuentan con menos. ¿Qué revolución social es esa? Ha sido y es el más monumental quítate tú pa’ poneme yo jamás visto en la historia del mundo.

El país tiene que resolver las tremendas diferencias que, como nunca antes en su historia, están abiertas entre los pocos que tienen mucho y los muchos que cada vez tienen menos.

Sobre todo si pensamos en que quienes hoy en día en Venezuela tienen mucho son sospechosos de haber sido y ser ladrones; o, en el mejor de los casos, asociados con los delincuentes que controlan en su totalidad al barrio en que han convertido al país.

¡Esto tiene que parar! Porque Venezuela, entérate: ¡ya no tienes pa’ donde ir!

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