Venezuela está esperando


Con solo media docena de troncales que cruzan al país y unas 20 autopistas que empatan las primeras con las segundas, Venezuela resulta facilísima de trancar.
Luego, tú pones a un bojote de delincuentes en cada cruce de caminos vestidos de verde olivo. Los revuelves con matraqueros que usan pantalones azul marino. Ah, y de paso, le mandas a poner a todos chalequitos refractarios de esos que se usan en las carreteras, y entonces sí que jodes a todo un país.
Pues justamente fue así como las cucarachas del siglo XXI han venido trancado desde el fin de semana pasado todas las vías de comunicación en Venezuela. Entre excusas imbéciles de asfaltados que nunca se llevarán a cabo, supuestas averías en las máquinas de los peajes y cualquier idiotez más, han creado los más monumentales embotellamientos jamás vistos en todas las vías que entran en las principales ciudades del país. En especial en aquellas que terminan en la Gran Caracas.
Y así, carro por carro, camión por camión y moto por moto entre la Policía Bolivariana y la Guardia Nacional Bolivariana, están registrando todo aquello que se mueva con gasolina. Así empiezan las festividades, las Fiestas Patronales, que celebran la tercera investidura como presidente fraudulento y usurpador del colombiano Nicolás Maduro para el 10 de enero A la cubana, solo que sin la penosa exposición de carromatos tirados por bueyes y automóviles atrapados en los modelos de los años 50, Venezuela está siendo convertida en un enorme estacionamiento rojo-rojito.
Si no leemos esas “medidas” como una expresión masiva y totalmente visual del miedo que siente en este momento el régimen por todo un pueblo que los detesta, es que somos idiotas.
Y eso que nadie ha salido. Eso que todavía ningún cuerpo, institución o grupo clandestino se ha levantado y revelado en contra de los pillos del siglo XXI.
Lo cual continuamos pidiendo encarecidamente que no lo dejen de hacer. Y ahí, después de cualquier tipo de levantamiento, cuyo propósito consista en sacar de la jugada a los rufianes del siglo XXI, que cuenten con Venezuela.
A partir de la asonada de cualquier levantamiento que pretenda deponder a la dictadura, se puede contar y confiar con el más completo y total apoyo por parte del pueblo de Venezuela.
Un pueblo bien arrecho está más puesto que un zapato para empujar cualquier asonada dirigida a la extinción de aquellas plagas. Pero recuerden: primero que salgan quienes tengan las armas.
Ni nos vuelva a pasar como aquel fatídico abril cuando Venezuela se quedó vestida y alborotada, esperando que alguien, con verdadero poder de fuego, diera la cara por los tantos muertos que puso primero el pueblo. Por eso: después, o de la mano, quienes estén en el propósito de acabar con aquellos rufianes, pueden contar con la Bravura del Bravo Pueblo de Venezuela.
Así, dando y dando. ¡Para que nadie nunca más se quede solo!
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