El Fogón de la Editora

YO ME INCLUYO EN ESO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

El venezolano, el de la calle, el de a pie, continúa en picada hacia la miseria. Desde luego, no me refiero al puñado, al grupito cada vez menos grande de enchufados y de individuos bien atornillados con el régimen. Hablo de las mujeres y de los hombres de mi país promedio, esos que se están derritiendo con el paso del tiempo en los charcos de la pobreza.

Millones de empleados y pensionados mal pagados en bolívares. Universidades, centros de enseñanza con lo que queda de universitarios, docentes y empleados humillados con sueldos de hambre. Instituciones divorciadas tanto de las necesidades como de los sueños de una nación destruida, tras más de 20 años de latrocinio. Infraestructuras de servicios y de estado completamente arruinadas, víctimas del saqueo de militares gobierneros incompetentes y ladrones, junto con civiles alcahuetas y carroñeros. Servicios sanitarios, de apoyo y de soporte humano, que hace añales desaparecieron en combate.

¡Macondo, Parapara de Ortiz, el Último Pueblo, cualquier caserío que no se acaba de extinguir! No hay que hacer ningún análisis especial para darnos cuenta, para tener claro, que el régimen de Caracas está acabando con lo poco que queda de Venezuela. Las redes, después de los chismes, las bravatas de Diosdado Cabello, el Show de la Batas Naranjas y tres o cuatro asuntos más, solo dan para que un padre suplique por una medicina para su hijo que se está muriendo. O para rogar por una silla de ruedas que requiere con urgencia un anciano que vive solo en Los Chaguaramos en Caracas, para poder moverse del cuarto a su cocina para colar un café, porque hace años que la familia se le fue.

Entre tanto, Nicolás Maduro invita al mundo entero a que vayan a nuestro país para extraer riquezas que están escondidas en las entrañas de nuestra tierra o para que se lleven el inmenso océano de petróleo sobre el cual flota Venezuela, con manos libres al que quiera usar o abusar del mal pagado trabajador venezolano muerto de hambre, que es lo más fácil de encontrar en el país.

Todo ello para hacer más ricas a las empresas de Francia, de España, de Italia, del Reino Unido y hasta de este país. Todas ellas autorizadas y permisadas por el Departamento de Estado para hacer, con lo que es de todo un pueblo, lo que quiera y lo que permita que haga una feroz dictadura a una nación desvalida. Aceptando se reparta el botín con quienes les faciliten el camino para hacer los negocios que deseen y como les provoque: el NARCO-RÉGIMEN de Caracas.

Esta es una vieja historia. Desde la época de las bananeras en Centroamérica y Colombia hemos sido víctimas silenciosas de dictadores que llevan las más íntimas relaciones de todos aquellos países y empresas que siempre actúan como los alentaos; aquellos “vivos” que van a comer en el cuarto de los enfermos.

Es una locura: en plena Era del Conocimiento, en pleno siglo XXI de las comunicaciones por satélites, es inaudito que nos estén extinguiendo como gente y solo nos estemos quejando. ¡Y yo me incluyo en eso!

Donación

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba