¡España, límpiate la cara!


Muchos pensamos que España, la Madre Patria, está acercándose a un momento estelar en su historia institucional. El estado español está muy cerca de una magnífica oportunidad para demostrarle a los venezolanos, a los europeos y al mundo en entero que su actual democracia esta sólidamente basada en una real separación de los poderes públicos.
España puede, y debe, enseñarle al mundo que no es solamente un nido de ratas capaz de cobijar y proteger a lo peor y a lo más aberrante de los rufianes y criminales vinculados con la dictadura que saquea y asesina a Venezuela.
España tiene, debe y puede ser más, mucho más de los que hasta ahora ha sido. Por los lazos que nos unen. Por el idioma que compartimos. Por las imborrables demostraciones dadas sin fines de lucro por parte del pueblo venezolano al pueblo español, Venezuela se ha ganado a pulso el agradecimiento y el respeto de España.
Porque hemos sido, como pueblo, la casa grande y generosa que compartió la paz, la prosperidad y el éxito de nuestro país con la España miserable y perseguida que nos llegó. La España que también huyó de la pobreza y del hambre, de las persecuciones políticas del franquismo criminal.
Dimos cobijo, abrigo, amistad, respeto y muchos de nuestros hijos e hijas a una España que, en igualdad de condiciones, no fue muy diferente a la Venezuela que padece hoy en día.
¡Solo que al revés!
Hoy la Audiencia Nacional de España recién acaba de admitir la querella contra Luisa Estela Díaz y Miguel Rodríguez Torres por el delito de crímenes de lesa humanidad perpetrados por años dentro de Venezuela.
Crímenes que no prescriben, ni sobre los cuales existe jurisdicción exclusiva, pues son en contra de la raza humana y el planeta entero resulta ser su jurisdicción. Y ambos criminales, desde hace añales, viven en España como ricos herederos después de haber saqueado a docenas de venezolanos, luego de aplicarles torturas infamantes, para robarles todo el dinero que pudiesen tener. Hacerlos desaparecer o dejarlos convertidos en guiñapos humanos luego de cobrar el rescate por la poca de vida que les dejaron.
Y, por supuesto, cumplir con las instrucciones de su malvado comandante. Órdenes claras, concretas y precisas, como aquellas impartidas por los altos jerarcas nazis a sus torturadores: exterminar y anular física y moralmente toda oposición real, así como cualquier tipo de disentimiento en contra de la dictadura que controla a Venezuela.
Ojalá y todos los malpensados que conozco estemos equivocados. Ojalá los tribunales españoles hagan justicia con esos dos miserables; esos dos que se confunden en este mismo momento con la gente decente que camina por las calles de España. Ojalá el largo brazo de la REPSOL, o de la CAIXA, o del mismísimo rey de la baraja que por años han protegido a esos dos rufianes, puedan ser atrapados por la justicia; que debería ser ciega, porque las víctimas, Venezuela, los venezolanos, los europeos, los españoles de buena fe y el mundo moderno piden se haga justicia. Que Luisa Estela y Rodríguez Torres comparezcan ante la justicia de los hombres. Y así, de esa manera, las miles de víctimas puedan descansar en paz; sea donde quiera que esos dos asesinos hayan decidido esconder sus restos mortales.
Que los sobrevivientes puedan recuperar su paz. Venezuela pueda empezar a curar sus heridas. Y el mundo reciba una señal inequívoca: no se puede andar por la vida haciendo guiñapos a un país y a toda su gente con la impunidad con que esos dos lo han hecho sin arreglar cuentas.
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