CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Querer es poder

Resulta que quien lidera las tropas que acabaron con el horror de la familia Assad en Siria, Ahmed al Sharaa, también le da por intentar extinguir a la minoría drusa que lleva siglos asentada en ese país.

El estado hebreo, que lleva años cultivando la amistad y el respeto del pueblo druso, en un abrir y cerrar de ojos acaba con el Ministerio de la Defensa del gobierno de transición, allá en Damasco.

Los drusos, que son una etnia supertrabajadora, emprendedora y comprometida con su gentilicio y con sus creencias religiosas, llevan también añales escapando de cualquier territorio árabe adonde han sido, históricamente, víctimas de exterminio.

Sin mamadera de gallo ni mucho menos burla: los judíos, los drusos, los armenios y los kurdos han sido, y todavía son, objeto de políticas de genocidios sin que nadie vele por ellos. ¡No hay ONU, mi Liga Árabe, ni un carajo que los proteja!

Por cierto, las comunidades tanto drusa como hebrea fueron a parar a Venezuela. Allá, en nuestros mejores momentos, les ofrecimos a ambos grupos protección y camaradería. A los judíos ya sabemos cómo Hugo Chávez se encargó de meterles mucho miedo, hasta que los desplumó y muchos de ellos se fueron del país.

En cuanto a los drusos, más miméticos y muchas veces mejor conectados con el resto de los árabes, la basura del siglo XXI los ha adoptado como mascotas. Tarek El Aissami dejó una potente comunidad drusa que hace negocios con el régimen y se entiende a las mil maravillas con el chavismo de Nicolás Maduro y sus rufianes.

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