CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

De invasiones y otros cuentos

Para lo único que el régimen de La Habana ha demostrado por más de 60 años ser muy bueno, es para hacer todo lo que es muy malo. Son los mejores en sapear, convertir a un país en cualquier tipo de antro del bajo mundo, encarcelar de por vida a los disidentes, asesinar a todo aquel que ni disfrute, ni acepte llevar la vida de mierda que los hampones que manejan ese país han decidido que toda la gente deba llevar; y, de paso, con una obligatoria sonrisa permanente en el rostro. Bien humillados: “Rodilla
en tierra”.

En Venezuela, quien pasará a la historia como gran traidor a la patria, Hugo Chávez, hizo del régimen cubano el primer chicharrón para que la más feroz invasión de fuerzas extranjeras nunca antes registrada en Venezuela se hiciera presente desde la llegada del “pacificador” Monteverde a la recién estrenada república de Venezuela en 1811, con el fin de aplastar el levantamiento en contra del Imperio Español que resultó ser nuestra Primera República, no se había visto la entrada y ni el dominio territorial e
institucional de una potencia extranjera sobre territorio de Venezuela, nunca.

Ni en nuestra noche más oscura, nuestra Edad Media, que resultó ser todo el siglo XIX, ocurrió algo tan sórdido como lo que se ha llevado a cabo casi en tres décadas, y en pleno siglo XXI, sobre Venezuela. ¡Aquello puede considerarse como el mayor “logro” del comandante!

De manera que, el régimen de La Habana, siempre de la mano con las peores porquerías habidas y por haber en el planeta, convencieron al acomplejado de Hugo Chávez y a sus militares imbéciles y sin una pizca de moral, de “invitar” a que dominaran también nuestro país los rusos, los chinos y los iraníes.

A esa traición, a esa invasión territorial de Venezuela, aquellos malvados sin patria ni ley la llamaron multipolaridad. Lo cual, para ellos, solo quería decir una cosa: metan la mano donde quieran, con tal de que nos protejan a perpetuidad para continuar haciendo del país el bar de putas que solo nosotros manejamos.

Es por eso que resulta de un absurdo del tamaño del Pico Bolívar que, sea quien sea, tenga las santas bolas de confundir una operación de salvamento nacional con una dominación extranjera perpetuada y permitida por el Cartel de los Soles sobre Venezuela, como la que se vive en nuestro país desde la llegada de aquellos malvivientes al poder.

¡El castellano es un idioma que da para todo, pero lo ridículo, lo estúpido, tiene traducción universal! Veintiseis años de trampas, negociaciones falsas, delitos electorales, control de las áreas más sensibles e importantes de nuestro país por potencias extranjeras son más que suficientes. Efectivamente, aquella gente no sale. Y mucho menos por las buenas.

Por eso, todos aquellos delincuentes, venezolanos o fuerzas de ocupación extranjeras dentro de nuestro país que no salgan por sus propios medios, es decir, con sus dos patas hacia un destino “feliz”, que se atengan a las consecuencias. Pueden, incluso, a última hora entregarse a las fuerzas de liberación o a los cuadros de la resistencia para ser entregados a los tribunales de justicia norteamericanos o a la nueva Fiscalía que designará el Parlamento Libertador. Siempre hay idiotas en estos asuntos, aquellos que
temerariamente pretendan resistir escondidos detrás de las fuerzas de ocupación traídas por el régimen al país, que esperen un destino peor.

El pueblo venezolano dará cuenta de aquellos que insistan en la falsa valentía de seguir cubriéndose, escondiéndose, detrás las fuerzas de ocupación que llevan tantos años haciéndole la vida espantosa, la vida infernal, al pueblo venezolano. ¡Considérense advertidos!

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