CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Capriles: ¿Por qué no te callas?

Enrique Capriles no es mi amigo. Nunca me ha gustado ni lo que hace, ni mucho menos con la gente con que lo hace. Lo conozco del viejo congreso de antes de Chávez, cuando su familia le compró la curul y le dieron la oportunidad de ser el último presidente de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional, antes de la era de la Asamblea.

Luego me tocó verlo actuar, en medio de la “adoración” colectiva, primero como precandidato en las primarias de 2011. Y luego como el “querido Flaco” en la contienda en contra de Chávez y luego en contra de Nicolás Maduro.

En ambos casos, cuando le dije a todos los que me quisieran escuchar que se vendió en las dos oportunidades al régimen, que vendió el triunfo de todo un país a la NARCODICTADURA, me llamaron de todo menos bonito; que, honestamente, sé que, efectivamente, no lo soy. Pero, de una cosa sí que estoy muy seguro en cuanto a Capriles: ese señor no tiene ni un solo pelo de estúpido ni de retrasado.

¡El asunto es que Henrique Capriles es un actorazo en aquello de pasar por imbécil; ¡que es otra cosa! Por eso es por lo que ni es un momento de ingenuidad ni una simple torpeza por parte de Capriles andar haciendo propuestas cretinas.

Es imposible que Luis Ignacio Lula Da Silva pueda actuar como mediador y buen componedor entre el Cartel de los Soles y la Justicia norteamericana que va a venir desde Maduro hasta abajo por ellos, sin que uno no sepa quién le pagó por los buenos oficios al señor Capriles por proponer sandeces…

De paso: ¿Quién sabe si hasta el propio Capriles cae en el mismo saco? Por más de un año Magali Meda y el resto de las «guacamayas» extraídas por la inteligencia norteamericana de la embajada de Argentina, bajo la responsabilidad de la República Federativa del Brasil no pudo, no fue capaz, de obtener los salvoconductos que el derecho de asilo iberoamericano le debió otorgar de una vez a toda esa gente por parte del régimen de Caracas.

Y ahora, según Capriles, Lula, que no fue capaz ni de colocarle un bombillo a aquella pobre gente, que permitió, mirando para otro lado, que el régimen les cortara el agua y la luz a quienes estaban en la embajada argentina, ¿pueda evitar, junto con El Vaticano, que a los mafiosos del siglo XXI se los lleven las fuerzas armadas norteamericanas, o los remuevan de sus “funciones” en bolsas negras?

Insisto, Capriles no es estúpido ni mucho menos imbécil. Capriles es un maldito vendido y tarifado, capaz de hacer lo que sea por ponerse en unos reales sucios «Hechos en Socialismo», con el dinero de Venezuela y de todos los venezolanos.

Que nadie tenga dudas: por ti, Henrique Capriles, también habrá que ir tras la Hora Cero y del Día Después. Tienes mucho que explicar. Tienes que rendirle cuentas al país, a los millones de venezolanos que huyeron tras tu traición; a los millones de venezolanos que se quedaron por culpa de tu alcahuetería con unos narcotraficantes y sufrieron una vida de mierda, presos en Venezuela.

Además, caballeros, en estas “cosas” toca pensar como pensaban las abuelas: ¡Dime con quien andas y te diré quién eres!

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