Adecentar y rehacer las instituciones


Mira, yo me acuerdo. Eso no fue en la época de María Castaña. Eso pasaba apenas hace unos cuarenta años atrás.
En Venezuela, por ejemplo, el fiscal general de la República, el doctor Ramón Escobar Salom no era un degenerado lleno de tatuajes carcelarios, era un señor. Lo mismo que los magistrados de la vieja Corte Suprema de Justicia, donde había gente honorable y corruptos, o el contralor general de la República, como el doctor Ramón José Medina, o aquel hombre que manejó por años y años el Consejo Supremo Electoral, el doctor Carlos Delgado Chapellín.
Mucho antes del «mejor sistema electoral del mundo», del tramposo de Jorge Rodríguez y de las máquinas Smarmatic, el país luchaba por erradicar el viejo vicio del «acta mata votos» de los maleantes de la cuarta, muchas veces con éxito, se enderezaron entuertos electorales cuando se defendía la voluntad popular.
Las fuerzas armadas representaban a Venezuela. Los hombres y mujeres al servicio del país eran escogidos. Muy por el contrario, desde que aquellos se hicieron con el poder, aparecieron puros chaparros, y una gran dosis de alfeñiques acomplejados que, mientras peores notas y méritos tuvieran, más servían a los oscuros fines de la mal llamada revolución.
Eso, eso tiene que cambiar. Hay gente buena, decente, preparada, nueva y ya “usadita” que estamos listos para reemplazar el bochinche demagógico e inepto que nos obligaron a calarnos por más de 27 años.
Méritos, méritos, capacidad técnica y profesional, experiencia y conocimiento del poder, oficios prácticos, de esos que hacen países, y mucha honestidad probada.
La mezcla perfecta, el blend adecuado, se encuentra dentro y fuera del país. ¡Ya es hora de que empiecen las sustituciones de gente que valga la pena por aquellos hampones!
¿No les parece?
www.venezuelainformativa.us no se hace responsable de las opiniones que aquí se publican. Es total responsabilidad del escritor



