Buenos amigos en medio de los aranceles


Todo hace pensar que la clave se llama Donald Trump. Que por donde mires a Venezuela, y al resto del mundo, quien pone la música en este momento es Donald Trump.
Que eso sea “bueno” o “malo”. Que dé para que uno consiga bailar, o le salga quedarse sentado mirando desde una silla, es otra cosa. Pero quien vuelve a poner la música que “disfruta” o “sufre” todo el planeta Tierra está en la América de Donald Trump. Lo que recién acaba de ocurrir el lunes con las finanzas y en especial con las bolsas de toda Asia y de la cuenca del Océano Pacífico resultó ser una masacre de plata.
La batería de aranceles anunciada el jueves y puestas en marcha desde el mismo sábado, agarró en feriado a las bolsas tanto de China Continental como de Hong Kong. Así pues que, mientras el domingo por la tarde en nuestro hemisferio nos rascábamos la barriga, donde viven más de la mitad de los seres humanos del planeta, sus mercados se estaban haciendo trizas.
Unas pocas horas después les siguieron los europeos. Los cuales tampoco se salvaron de la guadaña de los aranceles. Así pues que los tipos de interés de la Comunidad, la paridad del euro frente al dólar y el barranco de todas y cada una de las bolsas de valores que existen en ese continente, acabaron en pocas horas con una millonada indescriptible de ahorros de cientos de millones de personas. La cosa va pareja.
Todo el planeta está siendo machacado. Inversionistas americanos, chinos, árabes, asiáticos y europeos están perdiendo dinero de lo lindo. Grandes, desde luego, pero también están cayendo los pequeños. Pero todo indica que solo son “salvos” aquellos que se encuentran a la derecha del señor que vive en la Casa Blanca.
Porque solo ellos, los “elegidos”, son los únicos que disponen de la información oportuna y a tiempo real de antes de que las cosas sucedan; como para colocar sus órdenes de compra, o de venta, antes de que Trump haga o diga algo en público y mueva la tierra con sus decisiones.
Visto el panorama, pienso yo, también las ratas del siglo XXI saldrán ganando en este aquelarre mundial. ¿Por qué lo pienso?
La CHEVRON, que extrae y solo ella tiene la patente de corso para colocar los hidrocarburos venezolanos sin ningún tipo de arancel dentro de Estados Unidos, no creo que tendrá problema alguno de reventar el precio que sea por la mercancía robada que sale de Venezuela.
Y de finalmente imponerle algún arancel a lo que les deje caer la CHEVRON en algún puerto norteamericano, la condición de mercancía robada y con precio arreglado con quienes autorizan y son cómplices del saqueo, puede hacer que el petróleo venezolano se coloque, inclusive, por debajo de los 40 dólares el barril en muy poco tiempo. Al final, ¿a quién le puede importar el precio del producto si el mismo es robado?
Ya lo sabemos, ¡a lo robado no se le da mayor valor! Y justamente es allí donde estos pajarracos del siglo XXI le juegan sabroso y bien arrastrados a las grandes corporaciones que adoran a los clientes fáciles. Porque para las cucarachas del siglo XXI cualquier precio que la CHEVRON consiga por encima de “ninguno”, es más bueno que el carajo.
Así estará de feliz y orgullosa la gente de la CHEVRON, que tanto ha hecho por preservarse como el equivalente rojo-rojito de la “nueva” PDVSA como sea, que moverá los hidrocarburos de los venezolanos al precio que le dé la gana poner.
Yo me imagino que aquellos musiús dirán, mientras se rascan la barriga y en castellano tarzaneado: “con el régimen de Maduro sí que provoca hacer negocios”.
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