Como Chacumbele


Mientras los mercados financieros, bursátiles, de materias primas y de criptomonedas en todo el mundo se mueven entre las caídas de sus valores y lo errático más feroz en todos sus precios y volúmenes de negociaciones, el régimen en Venezuela continúa pataleando por la remoción de las licencias que le permite operar a la CHEVRON en el país.
¡Y es que las desgracias le están cayendo al régimen de Maduro todas juntas, en combo!
La suspensión de la patente de corso otorgada a la CHEVRON, para que piratee los hidrocarburos venezolanos asociados con los rufianes del siglo XXI, irradia a un bojote de operadoras más.
Las compañías de servicios petroleros, así como algunas empresas de hidrocarburos europeas “pegadas” al petróleo y al gas robado por el régimen en Venezuela, también están untadas por la misma medida.
No importa que los malandros del régimen amenacen a todos aquellos que celebramos y venimos pidiendo la suspensión de los guisos con todas esas empresas petroleras con cárceles y mil estupideces adicionales, porque muy pronto todas ellas, junto con todos ellos, van a estar fuera de esa jugada.
Más rápido que lo que espabila un loco, ni Maduro, ni Diosdado, ni Padrino, ni el pequeñísimo grupo que se embolsilla las riquezas en hidrocarburos con que cuenta Venezuela podrán continuar beneficiándose de toda esa plata robada a todos los venezolanos. Sin duda que reaccionarán. ¡Ya lo están haciendo!
La negativa de recibir más venezolanos deportados desde Estados Unidos ya está tomando forma. Quizás como provocación a Donald Trump, o quizás como una forma de pataleo trasnochado que aspira a que reconsideren la “cosa”.
Así todo, la basura del siglo XXI, que sabe quedará muy disminuida por la suspensión en la entradas de unos fondos limpios y bellos, que la buena fe del presidente Joe Biden les permitió amasar, no se va a quedar con “esa”. ¡Malandro, de lo imprevisible, es totalmente previsible!
Ojalá que a aquellos imbéciles no les dé un arrebato de última hora y salgan a poner la torta agrediendo a Guyana.
Venezuela, ni por el carajo, es aquella Argentina de Fortunato Galtieri de los años 80. Si a los mentecatos del siglo XXI les da por confundir a la Zona en Reclamación con las Islas Malvinas, no solo les va a salir el tiro por la culata.
Una acción temeraria de esa naturaleza puede ser, perfectamente, el principio de su más rápido fin. ¡Ojalá y se equivoquen!
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