El domingo gana el pueblo


Esa Venezuela que iba mansamente a votar, que hacia sus colas desde las madrugadas, aguantando sol, lluvias y fríos; esa Venezuela que luego salía de los centros de votación esperanzada y llena de fe, con el meñique pintado de tinta negra; esa misma Venezuela que se regresaba como corderito a sus casas a esperar los gráficos y la musiquita de Venevisión con los resultados que al régimen le daba la gana de poner; esa Venezuela quedó atrás, hace muchos de años. ¡Esa Venezuela se acabó!
Si Venevisión, siempre con el régimen, está corriendo la bola entre las redes sociales de ya tener montada o no la semblanza de Edmundo González para soltarla como nuevo presidente del país la noche del 28 de julio, ya eso no tiene ninguna importancia ni para nada ni para nadie.
Allá nadie más va a esperar quieto y mansito otra vez los resultados de esa noche arreglados por el CNE. Nadie nunca más se va a echar a llorar de frustración y rabia acumulada por casi 30 años perdidos, porque otra vez le robaron el voto. Ya nadie más en Venezuela, nunca más, tiene que confirmar sus planes de escape, de huida, de largarse del país la noche de los eternos resultados falsos. ¡Nunca, nunca más!
Esta vez, este domingo, Venezuela no regresa a sus casas después de votar masivamente por Edmundo en el plebiscito en contra de Maduro y su régimen. Esta vez Venezuela no tiene nada que esperar; porque no hay duda alguna sobre los resultados reales de la contienda del 28 de julio.
El triunfo de Edmundo, el voto en contra de la dictadura, el voto en contra del desorden, del crimen de estado y desde el estado, y en contra del más completo caos, es colosalmente superior al jamás soñado por el régimen.
Elvis Amoroso y sus rufianes pueden intentar otra vez hacer la trampa; eso es más que seguro. Pero, en esta oportunidad la gente, Venezuela en pleno, esperara la mentira en las calles, no delante de ninguna pantalla.
¡Y esta vez sabrá que hacer! ¡Porque Venezuela, esta vez, sale a cobrar su voto! El domingo entrante, con el favor de Dios, a Cisneros se le acabó la guachafita. Ya sabrá cómo caer parado. Lo mismo que a aquellos que intenten sostener la mentira del falso triunfo de Maduro.
Esta vez, en este tiempo perfecto de Dios, no habrá lugar para las “bailoterapias” o las “clases de salsa”, o los planes de migración forzada de miles de venezolanos sin esperanza en el país.
Esta vez el país no se va. Esta vez el país se queda. ¡Esta vez quienes salen son ellos!
Este domingo 28 de julio desde la mañanita hasta que Dios quiera, la nevera que hace escarcha, que lleva casi 30 años haciendo hielo y mugre, empieza a desaguarse y correr hacia el desagüe.
Es por eso Venezuela: ¡Vota por Edmundo el 28 de julio y sal a cobrar tu voto!
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