Opinión

El pez desorientado guiando la ceguera del cardumen: La deformación de un liderazgo

Alfredo Mosqueda / Venezuela RED Informativa.us

La paradoja del “Pez Lisiado”, se origina en un experimento realizado por un equipo de científicos nórdicos, sobre los peces de cardumen, esos seres diminutos que están siempre en grupos de más de cien individuos y que, aun así, se mueven de un lado a otro de modo sincronizado. Los investigadores descubrieron la glándula o el órgano sensorial que les permite la orientación y decidieron extirpársela a uno de ellos, con el inquietante fin de estudiar el comportamiento animal colectivo. Cuando aquel pez ya imposibilitado, regresó al estanque estaba completamente desorientado, chocaba con los demás, porque nadaba contracorriente y respondía a ciegos impulsos. Entonces, para sorpresa de los científicos, todos los peces del banco decidieron que sus movimientos eran ejemplarizantes, comenzaron a seguirlo. Ignorantes de su característica de lisiado, lo convirtieron en un extravagante líder, así, el desnortado pez logra extraviar al resto del cardumen, cuando en realidad este solo obedecía a su impedida y reciente condición biológica.

Pero, relacionar al pez lisiado con Hitler, tal y como lo hizo Carl Amery en su libro, titulado “Auschwitz, comienza el siglo XXI? Hitler como Precursor”. Resultó una ingeniosa soltura intelectual del escritor y periodista alemán, cuando decide reexaminar a algunos de los grandes personajes de la historia, como Adolf Hitler, Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte, entre otros, concluyendo en su precisada revisión, que muchos de ellos poseían una imperceptible discapacidad, solo que Hitler, afirma, fue decididamente lisiado. El verdadero conflicto emerge, en el instante en que debemos evaluar con rigurosidad a sus seguidores, como el cardumen de políticos, militares, juristas, empresarios, banqueros, académicos, artistas y fanáticos que marchaban tras ese despiadado líder. Lo que pudiera entenderse como una conveniencia forzada o desorientación de segundo grado, esa repetida actitud por la falta de información que está fuera del alcance del desubicado, o peor aún, el natural ciclo de ceguera voluntaria cuando deciden desconectarse de tan invasiva y trágica realidad.

Surgiendo del relato, la curiosa conexión con “La Paradoja de Friedman”, pero en una readaptación a la practicidad política en dos contextos. 1- “Cuando se tiene menos necesidad de los partidos políticos, porque la democracia funciona plenamente, aquellos operan mejor y su efectividad es óptima. 2- Pero cuando a causa de un cambio radical, se instaura una agresiva dictadura, la democracia es más necesaria, sin embargo, en esas circunstancias los partidos políticos, no intervienen en lo absoluto, por lo que su eficiencia es nula”. Sin duda alguna, seducidos por la lógica impura de la conveniencia, que equivaldría, a sus propios miedos o intereses, estos últimos ocultados en público, mientras los promueven en privado, terminando casi todos ellos, cooptados por la ilegal e ilegítima estructura del sistema.

A propósito, ¿en qué consiste la estrategia de cooptación política? En su forma más simple: cuando el establishment, a través de la presión del lobbismo, influye en el grupo opositor para que se sume a la propuesta del actor principal, sin la posibilidad de modificarla, mediante la cooperación política, evitando siempre el juego de conflicto. En su forma más perversa. Es cuando un Estado orwelliano, busca dentro de las filas de una oposición, persuadir por medio de chantajes y prebendas, que obligue a ese actor político a actuar ajustado a sus estrategias, significando la creación de una oposición artificial o arreglada, que sea totalmente complaciente, para poder cumplir los objetivos del régimen, pero haciéndose pasar en todo momento por oponente. Acabando sus participantes en inevitables peones y condenados a nunca convertirse en valiosas piezas, por jugar en un marcado y convenido tablero, concretando así, la alta improbabilidad de conseguir tan ansiado desyugo político.

Contextualizando esta interpretación y entrelazándola, con la expectante situación límite que vive Venezuela, observamos como se repite esta aprendida conducta social, sobre todo, el hecho de seguir endiosando a corrompidos mortales que se han vendido en un sesgado marketing partidista, como los líderes del consenso popular, aprovechando el turbulento escenario e infame contubernio, propio para colaborar en las electoreras campañas organizadas por el mismo régimen, sin importarles que están interactuando en un proceso sin garantías legítimas ni condiciones políticas apropiadas, desnaturalizando con ello, la esencia de lo que es un sistema republicano. Por lo que la fuerza de los hechos, no dejan de gritar a lo largo de los acontecimientos, que siguen existiendo líderes políticos o no, que tienen mucho de lisiado, seguidos más la ignorancia de las masas, que por la convicción y antifragilidad de sus liderazgos.

El núcleo de mi perspectiva, se sitúa en el fanatismo político-religioso en ambas direcciones, aunado a esos opositores que nunca se oponen, porque continúan hundidos en una escandalosa complicidad de oportunidades y entusiasmados por la telaraña de la corrupción y sus ilícitas ventajas patrimoniales; el enchufismo. Estos dos ejes estratégicos pudieran ser los aliados inseparables en este pervertido tejido, interconectado con las más tenebrosas conspiraciones para posicionar y mantener en la esfera del poder, a seres sin límites en su avaricia por el manejo de la cosa pública. Cada vez que recurren al oscuro pactismo del “diálogo” como centro de poder y negocio, perpetuando la inagotable cultura política de la corrupción pública y privada, una corrupción reticular o en forma de red y no el convencional flagelo. A saber, el alcance generacional y mundialización de este fenómeno, tiene disposición de; conexión, integración, expansión y permanencia, suficiente capacidad tecnológica como gran influyente, para infiltrarse y debilitar todas las instituciones de cualquier modelo de poder. En síntesis, la corrupción como delito, es el referente más fiel e impactante de la doctrina anglosajona, “El Fruto del Árbol Envenenado»; cuando el veneno cae en la raíz, hasta la última hoja se contamina. Cultivado y cosechado este fruto por quienes siguen alimentándola. Parafraseando la citada doctrina; cuando el veneno cae en la raíz del poder político, todo el árbol se pudre. Hasta el último funcionario o no, se corrompe. Contagiando inexorablemente alma de toda una nación.

Quizá haya llegado, el exigente y propicio momento de cuestionar el cardumen y no solo al pez lisiado; de arremeter contra las causas y no las consecuencias de lo que se configura como problema, por cierto, un problema que hace bastante rato ha mutado en crisis y para colmo, vino sin manual. Entretanto, en Venezuela todo sigue en venta, al mejor estilo de la antigua Roma. La misma Roma de corruptos y traidores que aborrecía Cicerón.

Donación

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba